Alexis contuvo su enojo, cerró los ojos y al abrirlos pareció adivinar algo.
—Solo te acercaste a Vanessa por las empresas de los León, ¿no es así?
Rafael lo miró de reojo con desprecio.
—No mereces tener el apellido de la familia Cisneros, ni remotamente.
Alexis quedó paralizado. Algo extraño cruzó su mirada.
Antes de que pudiera abrir la boca, Rafael le advirtió:
—Lo que hiciste en Hacienda Peñoles, lo sabes perfectamente.
El color abandonó la cara de Alexis.
Pero Rafael no le dio oportunidad de decir nada.
—Si no quieres pasar vergüenza, aléjate de Vanessa. —Su voz firme remató—: Es mi esposa.
Lanzó esas palabras y pasó de largo, rozándole el hombro al caminar.
Alexis sintió que la sangre le hervía; apretó los puños hasta que los nudillos le tronaron, como si fueran a reventar.
No se resignó, se volteó y le gritó:
—¡Vanessa me ama a mí! Me amó cinco años. ¿En serio crees que con unas cuantas palabras y una publicación en redes voy a tragarme que se casaron? Sé que quieres quedarte con el Grupo León y sacarme de la familia para siempre. Escúchame bien: voy a desenmascararte. Conozco a Vanessa. Con que me disculpe y la consienta un poco, va a volver a mi lado.
La mirada de Rafael se endureció. Giró sobre sus talones y se alejó.
Llegado ese punto, Alexis seguía sin creer que Vanessa estuviera con Rafael. Cinco años atrás, ni se soportaban. Además, Vanessa le había dicho que le tenía miedo. ¿Cómo era posible que, después de cinco años, terminaran juntos?
Y sobre todo, lo que acababa de decirle era brutal: cualquier hombre se molestaría de saber que otra persona tocó a su mujer. Aunque ella estuviera con Rafael, en el fondo lo que le importaba eran las empresas de los León, no Vanessa.
***
Vanessa llevaba un buen rato esperando en el sillón del cuarto, ya bañada y cambiada. Cuando escuchó el sonido de la tarjeta en la puerta, se levantó contenta y miró hacia la entrada.
—Ya llegaste.

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