El empleado le dio el aviso y se fue.
Entonces Vanessa vio a Camila caminando detrás de él. Vestía ropa de marca de pies a cabeza, arreglada con una elegancia ostentosa; sus facciones eran hermosas, pero con arrogancia en la mirada. Se plantó frente a Vanessa con gesto provocador.
—¿Hablamos?
Levantó apenas el mentón, altanera desde la primera palabra.
Vanessa ya se imaginaba a qué venía, pero no se negó.
—Claro, hablemos.
En el set había demasiada gente y demasiados oídos. Vanessa la llevó a un lugar apartado y quedaron frente a frente en una glorieta junto al lago.
—Aquí no hay nadie. Dime, ¿qué querías decirme? —preguntó Vanessa, tomando la iniciativa.
Camila irradiaba una seguridad imposible de disimular. Barrió a Vanessa con mirada despectiva y suspiró con burla.
—Aléjate de Rafa. No eres para él.
Vanessa la miró con dureza y la encaró con calma.
—¿Y tú sí?
—Él y yo nos conocemos de hace años —respondió Camila con altivez—. Pasamos juntos por muchas cosas, cosas que alguien como tú no podría igualar ni entender.
Vanessa recordó que Rafael le había mencionado algo sobre su pasado con ella, aunque sin entrar en detalles. Lo importante era que no tenían hijos, nunca fueron pareja y Camila ni siquiera era la persona especial de Rafael. Con eso bastaba.
—¿Y?
No le dio oportunidad de responder.
—Si pasaron por tantas cosas juntos, ¿por qué no están juntos? ¿Por qué me dieron la oportunidad a mí?
Camila se quedó sin respuesta. No esperaba que Vanessa fuera tan perspicaz, y la pregunta la tomó desprevenida.

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