Al ver cómo Alexis la protegía, Camila se molestó.
Pero enseguida recuperó la compostura y dijo con satisfacción:
—Está bien, por respeto a ti no me voy a burlar de ella. Pero dime una cosa: ¿crees que se hayan casado?
Alexis no estaba seguro. No sabía si lo que Rafael le dijo aquella vez era cierto o solo una forma de cortarle las esperanzas.
Sin embargo, al recordar que Camila era la persona especial de Rafael, concluyó que él solo estaba usando a Vanessa para provocar a Camila.
—Rafael te quiere demasiado, ¿cómo se va a casar con otra? —afirmó Alexis sin dudar—. Tantos años sin una sola mujer a su lado, todo por esperarte. Aunque me intriga qué pasó entre ustedes para que se enojara así.
Ya fuera en la capital o en Cartaluz, todos pertenecían al mismo círculo social, y nadie dudaba de que ellos dos estaban hechos el uno para el otro.
Al ver que Alexis pensaba igual que ella, Camila dejó de preocuparse.
—No te metas en eso. El punto es que ahora tenemos el mismo objetivo: tú te encargas de Vanessa y yo de Rafael.
Así, los dos ganaban.
Una vez sellado el acuerdo, Camila se fue en su auto.
***
Al llegar a la mansión de los Zárate, antes de siquiera bajarse del auto, Camila recibió una llamada.
—Señorita, el señor Cisneros... en efecto se casó con Vanessa.
—¿Cómo es posible?
Camila sintió que un escalofrío le recorría todo el cuerpo. El impacto fue tal que la voz le salió ronca.
—Es absolutamente cierto. El señor Cisneros ocultó los registros; una persona común no los encontraría. Me costó muchísimo trabajo dar con la información. Ah, y también encontré bastantes datos sobre Vanessa. Ya se los envié a su correo.
Camila tenía la garganta cerrada, se había puesto pálida. Sin decir una palabra más, colgó y abrió el correo.
Al terminar de leer, quedó atónita.
Vanessa en verdad... era capaz de desarrollar sistemas. Y lo logró antes de cumplir diez años.

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