—Claro que sí.
Rafael no preguntó nada, aceptó sin dudar. Vanessa se sorprendió.
—¿No... no vas a preguntarme por qué?
—¿Preguntarte qué?
La voz que salía del auricular resonó también a pocos metros de ella.
—Lo que la señora Cisneros quiera hacer, que lo haga. Yo la apoyo.
Vanessa levantó la mirada sin pensarlo y la cara se le iluminó al verlo. Rafael estaba a unos pasos de ella, con una sonrisa, agitando el celular. Alto, con esa elegancia natural y ese porte que lo hacía imposible de ignorar; por más que lo mirara, nunca se cansaba.
Le iba a estallar el corazón de la emoción y corrió hacia él.
—¿Qué haces aquí?
Lo miraba con una alegría que no le cabía en el cuerpo, con el mentón en alto. Le brillaban los ojos de entusiasmo y sonreía radiantemente.
Rafael se enterneció. ¿Se ponía así de contenta solo por verlo?
—Galván me dijo que estabas por acá. Estaba cerca y vine a buscarte para que nos fuéramos juntos al hotel. No esperaba que me llamaras justo cuando llegué. ¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan contenta?
Vanessa se mordió el labio.
—Adivina.
—¿Te elogiaron?
Los ingenieros ya se habían vuelto todos sus admiradores.
—No —dijo Vanessa, aferrada a su brazo.
Caminaron hacia donde estaba estacionado el auto.
Rafael lo pensó unos segundos.
—¿Estás contenta porque vamos a volver a Cartaluz?
—Tampoco.
—¡Cállate! —le dijo Alexis.
Natalia entendió. Tenía miedo. Estaba huyendo.
—Ah, ¿ahora sí te da miedo? ¿Y esa noche, cuando estabas encima de mí, dónde estaba el miedo? —Natalia se rio con un gesto retorcido, como enloquecida—. Te lo advierto, Alexis, soy tuya. No vas a escapar.
La noche en Hacienda Peñoles, su plan había sido matar dos pájaros de un tiro. Primero, hacer que Alexis confesara frente a Vanessa que se había adjudicado el mérito de haberla salvado, para que ella perdiera toda esperanza en él. Después, mandar a unos sujetos para que se la llevaran y dispusieran de ella a su antojo. Así, ella se convertiría en la mujer de Alexis sin que nadie pudiera objetar.
Pero Vanessa le volteó la jugada. No solo le salió todo al revés, sino que además...
Aunque al final sí logró acostarse con Alexis, también fue víctima de esos dos sujetos...
¡No! A estas alturas, no podía permitir que nada de eso saliera a la luz.
—Voy a volver a Cartaluz. Le diré al abuelo Antonio, a papá y a mamá que ya soy tuya —dijo Natalia con una sonrisa triunfante y desquiciada.
Alexis le agarró el cuello con fuerza, con los ojos rojos.
—Atrévete a abrir la boca y te mato —la amenazó, apretando cada vez más.

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