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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 335

Natalia sentía que el aire se le escapaba poco a poco. Miró a Alexis aterrada, como si en cualquier segundo fuera a asfixiarla.

Le golpeó las manos con todas sus fuerzas, apenas capaz de hablar:

—Suéltame...

Cuando estaba a punto de perder el conocimiento, Alexis la soltó con brusquedad.

Natalia cayó al suelo con fuerza y luchó por recuperar el aliento. La garganta le ardía como si hubiera tragado humo.

Alexis le lanzó una mirada amenazante y se alejó sin mirar atrás.

—No te vayas...

Natalia estiró la mano para agarrarlo, pero no alcanzó más que el vacío. Solo pudo verlo irse.

Aquella silueta que se alejaba con una resolución implacable, se le quedó grabada. En un instante, un odio devastador se apoderó de ella.

Antes tenía a tanta gente que la quería. Era tan feliz.

Todo era culpa de Vanessa, esa maldita. No iba a dejarla en paz.

***

El avión aterrizó en Cartaluz a las dos de la tarde.

Vanessa y Rafael llegaron a la mansión de la Sierra pasadas las tres. Doña Juana los recibió con una sonrisa llena de ternura.

—Por fin regresaron. Seguro que estos días fuera los dejaron agotados. La comida ya está lista; voy a sacar la sopa y pueden sentarse a comer cuando quieran.

Rafael le había avisado del itinerario antes de llegar y le pidió especialmente que preparara algo nutritivo y delicioso para que Vanessa se repusiera. Un detalle tan atento que Vanessa no pudo evitar conmoverse.

—Gracias, doña Juana —dijo Vanessa con una sonrisa amable.

—Ay, señora, no diga eso. Preparar la comida no es ningún esfuerzo. —El ama de llaves se apresuró a responder—. Además, con lo que gano al mes, que es muy buen dinerito, en ningún lado se encuentra un jefe tan generoso.

Rafael le dio unas palmaditas suaves en el hombro a Vanessa y le dijo con voz cálida:

—Ve a lavarte las manos. Comes y luego descansas un rato.

—Bueno. —Vanessa asintió con dulzura.

Después de comer, Vanessa subió a bañarse y se puso la pijama. Al salir del baño, escuchó a Rafael de espaldas a ella hablando por teléfono.

—Voy para allá.

Cuando colgó, Vanessa se acercó y le preguntó, extrañada:

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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