Vivir al día: eso la describía a la perfección. Por suerte, después recapacitó.
Tras casarse con Rafael, dejando de lado lo que él le daba, solo con la docena de locales comerciales que su abuelo le regaló, las ganancias mensuales eran impresionantes. Se había convertido, discretamente, en una pequeña millonaria.
—Está bien, entonces vuelve. Después de todo, el día que yo me vaya, el Grupo León será tuyo.
Roberto no le dio mayor importancia.
—Tarde o temprano vas a tener que hacerte cargo del Grupo León. Que aprendas a administrarlo desde ahora es buena idea.
Ya estaba acostumbrado a que Vanessa se negara; ni siquiera se hacía ilusiones. Antes, ella siempre decía que no le interesaba, que no sabía manejar una empresa, y que cuando se casara con Alexis se lo dejaría a él.
Ridículo.
¿Acaso no sabía él qué intenciones retorcidas tenía ese muchacho? Si durante tantos años hizo la vista gorda fue porque pensó que, mientras Vanessa fuera feliz, bastaba. Con tal de que Alexis la tratara bien, entregarle el Grupo León no era algo ilógico.
—Bueno.
Vanessa aceptó sin dudar y dijo con una sonrisa:
—Pasado mañana es el cumpleaños de Rafael. Pensamos anunciar públicamente nuestro matrimonio ese día y celebrar la boda a fin de mes. Cuando vengas a presenciar todo eso, hablamos de lo de la empresa, ¿te parece, abuelo?
Roberto creyó que la edad ya le estaba jugando una mala pasada y que estaba escuchando cosas.
—¿Hablas en serio?
—Claro que sí. El Grupo León tiene inversiones en tantos sectores. La investigación y el desarrollo tecnológico es el área principal de crecimiento, y quiero intentarlo.
Vanessa habló con seriedad, y los dedos con que sostenía los cubiertos se tensaron, como si hubiera reunido un enorme valor. Llevaba años huyendo; era hora de enfrentarlo.
Roberto se emocionó tanto que los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¡Bien, bien! Niña, por fin entraste en razón. Quédate tranquila: tu abuelo va a ir a la fiesta de cumpleaños de Rafael a apoyarte. Tu abuelo y la familia León somos tu respaldo.
Pronunció esas palabras con voz firme, sin perder un ápice de autoridad.
Vanessa se conmovió tanto que, temiendo que las lágrimas le ganaran, sonrió y levantó un poco la cara para obligarlas a volver.
***
Cerca de las dos, Vanessa recibió una llamada de Rafael para que fuera a la boutique nupcial a la sesión de fotos. De paso, también podría elegir el vestido de novia.

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