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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 396

Capítulo 396

Cuando Vanessa salió, Federico apartó la mirada.

-Si no hay problema, entonces firmen este acuerdo complementario.

Golpeó la mesa dos veces con los nudillos. Daniel repartió los acuerdos que tenía preparados, uno para cada quien.

Vanessa dijo lo que quería decir y no tenía intención de entrar en juegos con esa gente. Sentía repulsión.

En el mundo de los negocios, las maquinaciones y traiciones no las había vivido en carme propia, pero sí vistas hasta el cansancio en las series de televisión. Incluso ella, que de medio tiempo escribía guiones, las había redactado más de una vez.

Vanessa recorrió el pasillo hasta el baño del fondo.

Esos últimos dos días había tenido los nervios de punta y fue a lavarse las manos y tomar aire.

Al regresar por el pasillo, una silueta corpulenta y ancha salió de otro privado. Alzó la cabeza, la vio, levantó una ceja con actitud altiva y avanzó hacia ella.

Otra vez él.

Vanessa quiso fingir que no lo había visto, mantuvo la vista al frente y, justo cuando iban a cruzarse, escuchó una risita burlona.

-Qué cruel, señorita León, ni de frente me reconoce.

Rodrigo detuvo el paso y la miró con interés, divertido.

La frase logró que Vanessa se detuviera.

Lentamente levantó la vista y lo barrió con la mirada.

-No nos conocemos.

Respondió tajante; de verdad no quería tener nada más que ver con él.

Rodrigo metió una mano en el bolsillo del pantalón con una sonrisa ambigua.

-¿Y en qué se diferencia eso de pasar la noche juntos y después ni saludar?

Vanessa lo miró con dureza.

¿Estaba mal de la cabeza?

En ese momento alguien pasó a un lado. Era obvio que había escuchado lo que dijo Rodrigo y apretó los labios para contener la risa.

Vanessa no pudo más.

-¿Qué es lo que pretendes? --le reclamó.

-Pretendo cobrar lo que se me debe -respondió Rodrigo, plantándose frente a ella-. Aún no ha pagado por la ropa, ni tampoco por el auto. ¿O es que pensaba escabullirse sin saldar sus deudas?

Había algo siniestro en él, y con esa estatura imponente imponía un aura extraña. Con razón en el mundo de los negocios decían que él y Rafael eran dos verdaderos demonios. Uno cruel, el otro brutal.

Vanessa, sin embargo, no le tenía miedo, y se rio con desprecio.

-Señor Zárate, sus tácticas para coquetear son un poco anticuadas.

Se apartó para marcar distancia, con la mirada carente de interés.

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