La foto que acompañaba la publicación mostraba la sesión de fotos de boda de Vanessa y Rafael.
El texto decía: “Estoy soltera y disponible para quien quiera coquetear. ¡Qué cosas! Ver a una pareja tan feliz hace que a mí también me den ganas de casarme. ¿Hay algún soltero en mis contactos? Intentémoslo”.
¿Tantas ansias tenía de casarse?
Sergio se puso serio, con una actitud sombría. Con razón antes se había mostrado tan abierta y directa al hablar con él.
Mientras tanto, Vanessa y Rafael continuaban con la sesión de fotos. Vanessa alzó un poco la cara y cruzó la mirada con él. Rafael bajó la mirada para contemplarla; sus pupilas oscuras reflejaban por entero su silueta. En sus ojos no solo había ternura, sino una devoción ardiente.
Vanessa sonrió desde el fondo de su corazón; era una sonrisa radiante y luminosa, como una flor abierta en todo su esplendor.
—Señora Cisneros, esta vez nadie podrá interrumpir nuestra sesión.
Cambiaron de postura para la siguiente toma. Rafael se colocó detrás de Vanessa para abrazarla, se inclinó un poco y le susurró al oído. El aliento cálido le provocó un estremecimiento.
Vanessa ladeó la cara y levantó la mirada hacia él.
—Dicen que a la tercera va la vencida. Si nos interrumpen una vez más, tendré que ir a rezar para comprobar si en verdad eres mi amor destinado.
Vanessa sonrió con los ojos curvados, en un gesto dulce y pícaro a la vez. El fotógrafo capturó ese instante exacto.
¡Eran perfectos para la cámara!
Si ambos fueran modelos o estrellas del espectáculo, ¿no arrasarían con todo? Ninguna de las estrellas del momento tendría nada que hacer frente a ellos. Los dos terminaron de posar con varios atuendos.
Cuando salieron tras cambiarse de ropa, el fotógrafo revisaba las tomas en la cámara. Mientras más las miraba, más satisfecho quedaba. Al verlos salir, se acercó con una sonrisa.
—Muchas gracias a los dos por su cooperación. Más tarde le diré a mi asistente que les envíe las fotos para que las elijan.
El fotógrafo les agradeció con cortesía. Rafael alzó el mentón en dirección a Vanessa.
—Que las elija mi esposa; ella tiene buen gusto.
Adriana se acercó personalmente con tres vasos de agua tibia.
—El señor Cisneros trata tan bien a la señorita León que a las solteras como nosotras nos da una envidia tremenda.
Vanessa tomó un vaso y se lo entregó primero a Bianca.
—Gracias.

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