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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 398

Capítulo 398

Lo miraba en silencio, sin decir una palabra, pero con una actitud que lo traspasaba.

Leonardo sintió un vago remordimiento.

-Está bien, fue cierta persona la que me pidió expresamente que te los entregara.

Vanessa sonrió con complicidad; sabía a la perfección a quién se refería esa "cierta persona".

Empujó la carpeta de vuelta hacia él.

-Devuélveselos, por favor. Puedo resolver estos asuntos sola, no hace falta que él se ocupe.

Mantuvo un semblante imperturbable mientras hablaba con total firmeza.

Leonardo se sorprendió.

-Estos documentos involucran el futuro de tu empresa. Quédatelos, te los debe.

Entre ellos no existía ninguna deuda. Cuando se casaron, ella lo hizo por despecho, y él, por el simple hecho de casarse. Que hubieran llegado

hasta este punto no era culpa de nadie.

Vanessa sonrió tranquila.

-Dejémoslo así.

Ante esa actitud, Leonardo supo que, dijera lo que dijera, ella no aceptaría esa carpeta.

-Bueno, me los llevo, de todos modos, ese tipo se lo merece.

Enseguida sus ojos chispearon con curiosidad.

-Ahora que vuelves a hacerte cargo del negocio familiar, ¿no me digas que ya no vas a escribirme guiones?

-Por ahora, no.

Leonardo asintió con resignación.

-Entiendo, ahora el Grupo León te necesita.

Cuando vuelvas a tener ganas de escribir, mis puertas estarán siempre abiertas para ti.

-Gracias, Leonardo.

Vanessa sonrió aliviada, y luego cambió de tema.

-Hay algo en lo que tal vez necesite tu ayuda.

Leonardo arqueó una ceja, entendiéndolo al vuelo.

-¿Itzel?

Tal como pensaba. Hablar con gente inteligente le ahorraba explicaciones. Asintió sin rodeos.

Aurelio asintió. Sabía que ella quería hablar a solas con Roberto, así que salió de la habitación para concederles ese espacio.

Vanessa se sentó al lado de la cama y le tomó la mano.

-Abuelo, ¿no estarás haciéndote el dormido? La empresa tiene bastantes cosas esperando a que las resuelvas. Despierta ya, ¿sí?

Pero lo único que le respondió fue el pitido constante del monitor. Roberto seguía con los ojos cerrados, sin dar señales de despertar.

Vanessa lo miró en silencio, con el corazón oprimido, dolorido y entumecido a la vez.

En esos pocos días, al tomar las riendas de la empresa, apenas entendió cuánta presión había soportado su abuelo todos esos años. Desde que se fue su padre, al Grupo León no le faltaron los buitres acechando.

Pero el abuelo, con tal de que ella viviera libre y tranquila, nunca le habló de esa carga. Si el Grupo León no hubiera entrado en crisis esta vez, jamás se habría enterado de cuántos depredadores tenía la compañía.

-Abuelo, sé que quieres darme un empujón. Ya tomé las riendas del grupo. Aunque sea para darme más impulso, ¿no quieres despertar y ver cómo me va? Abuelo, no duermas más, te extraño muchísimo, muchísimo.

AVanessa le picó la nariz y se le humedecieron los ojos.

Escuchó unos pasos detrás de ella. Pensó que era Aurelio y no volteó.

Hasta que los pasos se acercaron.

Reconoció un aroma familiar: el aire se impregnó

de un olor a cedro, fresco y limpio, que invadió sus sentidos de inmediato.

Y le sacudió el corazón.

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