Capítulo 423
En realidad, tal como lucía en ese momento, a ojos de ellos parecía otra persona.
Madre e hijo se pusieron pálidos.
Sebastián, fuera de sí, golpeó la mesa con furia.
-Insolente, ¿me estás tomando el pelo?
Vanessa se recostó en el respaldo de la silla, cruzó los brazos y lo miró de reojo con menosprecio.
-Todo esto lo provocaste tú solo, no te estoy obligando a nada. La elección es tuya.
¿Elección?
No tenían ninguna.
Esta mujer les había cerrado todos los caminos desde el principio.
Lorena se negó a aceptarlo y comenzó a gritar.
-¿Cómo va a ser así? Sebastián lleva mucho tiempo en ese puesto. Considera que es su primera falta y no te rebajes a su nivel. Él es tu primo, después de todo son familia. Solo usó un poco de dinero, no puedes hacer una tormenta en
un vaso de agua.
Mejor no hubiera dicho nada; al escucharla, Vanessa soltó una carcajada cargada de desprecio.
-Desvió esos sueldos y no solo provocó que los trabajadores se fueran a huelga, sino que puso al grupo al borde de una crisis. Esos obreros trabajaron con el sudor de su frente y ni siquiera pudieron cobrar; sus familias están esperando ese dinero para vivir. ¿Eso te parece poca cosa?
La ráfaga de reproches dejó a madre e hijo sin habla.
Sebastián se puso pálido como un papel.
Lorena se alarmó y perdió todo el aire autoritario de antes.
-Vanesita, somos familia, estas cosas se hablan con calma. No armemos un escándalo.
-En resumen, ya les di una opción. Lo que elijan queda enteramente en sus manos.
Vanessa giró la silla y les dio la espalda.
-No tengo más que decir, pueden retirarse.
Recuerden: tienen un día para darme una
respuesta. No soy muy paciente.
Con eso les dio a entender que se fueran.
Apenas tenía veintitrés años, pero su presencia infundía una autoridad que nadie se atrevía a cuestionar.

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