Rafael acababa de acompañar a Vanessa de regreso al Residencial Los Álamos cuando recibió una llamada de Daniel. Juana había tenido un accidente.
Vanessa estaba esperando noticias, pero jamás imaginó que serían estas. Sin decir una palabra, salió con Rafael rumbo al hospital.
—¿Qué pasó?
Vanessa miraba a Daniel, parado en la puerta de la habitación, y le exigía respuestas. Mientras hablaba, las manos le temblaban sin control.
En el camino, aunque había intentado mantener la calma, no pudo contener el miedo. Daniel se puso serio.
—El hombre que pusimos a vigilar llamó. Dijo que Yolanda y Alexis empezaron a discutir, y después le pasó eso a doña Juana. Se golpeó la cabeza al caer; la lesión es grave y su estado es delicado.
Vanessa palideció. El miedo le hizo un nudo en la garganta, y tardó un momento en hablar.
—¿Quién fue?
—Pasó dentro de la residencia de los Cisneros. El mayordomo de los Cisneros dice que se cayó desde el piso de arriba.
Daniel sabía que Juana y Vanessa tenían una relación cercana, así que, al verla callada, tampoco se atrevió a decir más.
Había puesto a su gente a vigilar la residencia de los Cisneros, preparados para presenciar el escándalo.
¿Quién iba a pensar que, sin alcanzar a ver nada, la que terminaría malherida ahí dentro sería doña Juana?
De no ser por la llamada de sus hombres, ni siquiera se habría enterado de que algo tan grave había ocurrido.
Vanessa frunció el ceño. No entendía por qué doña Juana estaba en la residencia de los Cisneros. Giró la cabeza hacia Rafael.
—Si estaba bien, ¿por qué iba a regresar allá?
Rafael mantenía una actitud indiferente. Acababa de colgar y ya conocía la situación.
—Ricardo fue a averiguar. La llamaron de la residencia para que regresara a preparar una conserva de frutas en almíbar.
Sabía que Vanessa quería mucho a doña Juana. La miró con una ternura serena e intentó tranquilizarla.
—No te preocupes. A doña Juana no le va a pasar nada.

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