Entrar Via

El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 448

Capítulo 448

De pronto entendió qué significaba eso de que una voz podía derretirte.

Al instante, recibió la mirada intencionada de Vanessa. Enderezó la postura sobre la cama e, incómoda, forzó una pequeña sonrisa.

Ella, con complicidad silenciosa, apartó la mirada y le sonrió con suavidad a Sergio.

—Entonces échale un vistazo. Yo voy a ver a mi abuelo, no quiero interrumpirlos.

Él sabía que Roberto estaba internado en el edificio contiguo.

Asintió.

—Bien.

Vanessa se fue.

Esperó a verla alejarse antes de entrar al cuarto y acercarse a la cama de Bianca.

—¿Otra vez te duele algo?

Sergio tenía los dedos metidos en los bolsillos de la bata. Su figura era estilizada y erguida, relajada y elegante. Transmitía una presencia

limpia y nítida, como si el aire a su alrededor se impregnara del aroma fresco de la menta.

Demasiado apuesto.

Bianca, con la cara lánguida y de lástima fingida, señaló con el dedo la pantorrilla enyesada.

—Aquí... me duele. Se siente dolor y picazón a la vez.

Parpadeó un par de veces. De por sí tenía los rasgos marcados, y al hacerse la desvalida adquiría un encanto indescriptible. Sensual y deslumbrante. Si Vanessa era una belleza arrolladora como una rosa, Bianca era un sol abrasador.

Sergio, de temperamento reservado, sabía que probablemente era una excusa, pero no se molestó.

—Resiste, vas a sentir eso mientras tengas el yeso.

—Pero quiero rascarme.

Ella hablaba por hablar.

—Doctor Villalobos, ¿no habrá alguna manera de calmar la comezón?

Sergio bajó la mirada, dio dos pasos al frente y se inclinó. Se agachó frente a ella, y Bianca creyó que iba a besarla. No pudo evitar un estremecimiento de alegría, levantó un poco el mentón y esperó el beso.

—Pues... ven...

Dicho esto, curvó sus labios hacia él.

Algo frío y metálico se le pegó a la boca.

—¿Estás seguro? No será que solo estás a la defensiva.

—He preguntado varias veces, y sí, hubo alguien que preguntó.

—Si es así, ponte a investigar. No vaya a ser que se pierda algo.

Afuera, Sergio entrecerró los ojos.

¿La familia León?

Para entonces Vanessa ya había llegado al edificio contiguo, frente al cuarto de Roberto.

Abrió la puerta y entró.

Una silueta de bata blanca estaba inclinada, con una toalla en la mano, limpiándole los brazos delgados a Roberto sobre la cama. Aquella figura tenía rasgos marcados, una cara apuesta de belleza deslumbrante.

Pero Vanessa, al verlo, apartó apenas la mirada con disgusto y se acercó con rapidez.

—¿Qué haces aquí?

Al escuchar la voz, alzó la cara con aire autoritario. Cuando vio a Vanessa, por sus ojos oscuros pasó una sombra que enseguida se volvió tristeza.

—Vine a ver al abuelo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)