Capítulo 616
Federico se hundió a medias en el asiento, cruzó las piernas y tamborileó los dedos sobre el muslo sin un ritmo fijo, pensativo.
Al cabo de un buen rato, sonrió apenas.
—Funcione o no, al menos ya sé algo. El Grupo León no va a caer. Y eso, para mí, no tiene nada de malo.
El asistente asintió, dándole la razón.
—Tiene sentido. Pero antes el viejo director León le dejó toda la empresa a usted para que la administrara, y ahora que la señorita León tomó el control del corporativo, aunque sus atribuciones siguen siendo amplias, casi todos los grandes proyectos los maneja ella. Vaya uno a saber si tiene algo en contra de usted.
Federico detuvo el gesto y, con un dejo enigmático, respondió: —Con ella al frente, el Grupo León tiene un futuro prometedor.
El asistente se sorprendió. Hablar así demostraba que estimaba muchísimo a Vanessa.
Vanessa no estaba para pensar ahora en lo de Federico; volvió al hospital con Rafael. Le preguntó a Ricardo: —¿Se tomó la medicina?
Ricardo desviaba la mirada hacia todos lados y respondió con voz evasiva: —La de la mañana, sí.
—¡La de la mañana! ¡Si ya es de tarde! Por lo visto tu jefe nació con un don especial; se cura aunque no tome nada.
Ricardo no se atrevió ni a abrir la boca. Rafael, en cambio, sonreía de oreja a oreja, como si verla enojada lo pusiera todavía más contento.
—Solo fue una hora de retraso; ahora se la toma y listo. La verdad, no es culpa de Ricardo.
—Encima sales a defenderlo. Te dejó salir del hospital para ir a la subasta sin advertirte del riesgo; no cumplió con su deber. ¿Y si se te volvía a abrir la herida? —Vanessa tenía la cara crispada de enojo; no se atrevía ni a recordar la imagen de él en la sala de reanimación aquel día.
Ese día había estado aturdida y solo podía pensar que no podía pasarle nada. Sin su papá ni su mamá, si le ocurriera algo a él o al abuelo, ella no podría soportarlo. Rafael notó el miedo que le había quedado, cambió de actitud y suavizó el tono.

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