Mientras trabajaba, Bianca escuchó a unas personas hablar sobre las graves heridas de Rafael y enseguida llamó a Vanessa.
Pero ella no contestó. Bianca le escribió para preguntar qué había ocurrido y no recibió respuesta hasta más de una hora después. Su amiga le aseguró que todo estaba bien.
Vanessa también le pidió que confiara en ella y se concentrara en su trabajo.
Bianca sabía que la situación laboral de Vanessa no era nada común, así que siguió su consejo y no hizo más preguntas.
Como se encontró ahí con Daniel, la mano derecha de Vanessa, aprovechó para preguntarle.
—No pasó nada. Todos están bien. No se preocupe tanto —respondió Daniel con una risita. Se mostró algo tímido ante Bianca.
Daniel no era muy alto, pero tampoco era bajo; medía un metro setenta y ocho. Sin embargo, de pie frente a él, Bianca también se veía muy alta.
A simple vista, ella incluso parecía más alta que Daniel, quien se sintió muy acomplejado. A Bianca se le escapó una risa.
—Con razón eres la mano derecha de Vanessa. Los dos me dicen exactamente lo mismo.
Cuando sonrió, Daniel no pudo apartar la mirada; todo lo demás perdió importancia. Al verlo distraído, Bianca creyó que se sentía incómodo con ella.
En ese momento, una amiga la llamó:
—¡Bianca, ven!
Bianca le sonrió a Daniel.
—Daniel, voy con ellas. Tú sigue disfrutando.
—Sí, claro... —Daniel asintió, tímido.
Bianca volvió a reírse por lo nervioso que estaba. Se despidió, se alejó y luego acompañó a sus amigas al privado.
—¿Quién era ese? No está nada mal, pero no es tan guapo como Joel —comentó Talía.
—No puedes compararlos. Joel siempre está rodeado de estilistas y cuenta con el respaldo de toda clase de marcas. ¿Cómo van a ser iguales?
—Sí, sí. Vamos. Joel llegará en cualquier momento.
Talía tomó a Bianca del brazo y regresó con ella al privado. Daniel siguió a ambas con la mirada hasta que se perdieron entre la multitud. Poco después, alguien se acercó, le entregó algo y se alejó a toda prisa.


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