Alexis habló cada vez con menos claridad hasta que la vista se le nubló y perdió el conocimiento.
La sangre le cubrió el cuello y le dio un aspecto aterrador.
Sin embargo, Vanessa alcanzó a escuchar una frase clave, “hace diez años”.
¿Qué había pasado hace diez años?
No tenía tiempo para pensarlo, así que les ordenó a los guardaespaldas que llevaran a Alexis al hospital. Aunque Emilio no se quedó ahí, siguió vigilando desde la acera de enfrente. Era una zona de edificios comerciales antiguos y muchos de los negocios de toda la vida tenían toldos donde era fácil ocultarse.
Vanessa no vio a Emilio y se fue con Alexis.
Al ver a Alexis con la cabeza cubierta de sangre, Emilio se llevó un susto terrible y palideció. En cuanto el vehículo se alejó, sacó el celular y llamó.
—Tenemos un problema. Le pasó algo a Alexis.
Vanessa mandó que examinaran a Alexis en el hospital. Cuando confirmaron que su vida no corría peligro, dejó a los guardaespaldas vigilándolo.
Estaba a punto de llamar a Rafael cuando sonó su celular. Era él.
—¿Estás trabajando? Ya casi es tu hora de salida. Pasaré por ti —dijo Rafael con la misma voz cálida de siempre.
Llevaba varios días muy ocupado y no había tenido tiempo de recogerla al salir del trabajo. Todos los días salía temprano y volvía tarde mientras ponía orden dentro del grupo. Todo el Grupo Firax estaba en pánico.
Rafael reemplazó a casi toda la cúpula directiva. Ya había hecho una primera depuración cuando destituyeron a Édgar. Sin embargo, en aquel momento dejó a muchos de sus partidarios en sus puestos.
Esta vez reorganizó todo desde cero. No conservó a nadie del bando de Yolanda ni del de Édgar. En apenas unos días, Grupo Firax recuperó la estabilidad y alcanzó una posición inamovible en Cartaluz.
—Estoy en el hospital. Alexis está aquí. Ven.
Vanessa no le dio muchos detalles por teléfono.
Rafael se puso serio.

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