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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 912

A Leonardo le resultó demasiado familiar y se inquietó. Hacía más de medio año que no percibía aquella frialdad en él. La familia Cisneros no le dio riquezas ni privilegios a Rafael, sino tormento.

Era como si lo hubieran abandonado en un pozo seco para que soportara una soledad interminable. Rafael frunció el ceño y rio sin humor.

—Leonardo, ya pasaron veintiocho años.

Esbozó una sonrisa sarcástica. A los siete años, Rafael tuvo una fiebre muy alta y lo único que quería era que Yolanda y Édgar se quedaran a su lado. Sin embargo, ellos estaban arrullando a Alexis, de cuatro años, para que se durmiera. Temían que la tormenta eléctrica de aquella noche lo asustara.

Cuando Alexis quiso jugar, le construyeron toda una zona de juegos para que se divirtiera. Rafael solo quiso jugar con una pistola de juguete, pero Édgar lo regañó por no dedicarse a estudiar. En el cumpleaños de Alexis, organizaron una fiesta por todo lo alto y le dieron muchos regalos, todo lo que él quería.

Cuando llegó el cumpleaños de Rafael, lo olvidaron y se fueron de viaje con Alexis.

A Rafael solo le imponían estrictas reglas familiares y una abrumadora carga académica que lo doblegaba pese a su corta edad.

El año en que cumplió diez, Antonio le preguntó qué deseaba para su cumpleaños. Rafael respondió que quería celebrarlo con sus padres e ir a un parque de diversiones. Yolanda lo reprendió por pensar demasiado en jugar y por competir con su hermano por el cariño de sus padres.

Édgar le reprochó que defraudara sus grandes expectativas y le dijo que no sería capaz de asumir responsabilidades importantes en el futuro.

Aquella vez, Rafael no respondió. Desde ese día, no volvió a pedirles nada. Con apenas diez años, se comportaba con la madurez y serenidad de un adulto.

Nadie sabía qué lo hacía feliz, qué lo enojaba, qué lo entristecía ni qué disfrutaba. Pero a nadie le importaba. Antonio celebraba su cumpleaños con él cada año, pero su compañía jamás podría sustituir la de sus padres.

Todos los niños desean el cariño y la atención de sus padres. Rafael no era la excepción. Para él, sin embargo, ese cariño no era más que un sueño inalcanzable. Creyó que, si cumplía todo lo que le pedían, ellos le prestarían un poco de atención.

Capítulo 912 1

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