Arthur aún no había salido de la clínica, faltaba muchas cosas por hacer con él. Los gastos de su salida, y cuidado personal. Encima de que su casa verdaderamente era un caos total para mantenerlo allí.
Así que si le confesaba la verdad a Michele de que ella se había enamorado como una tonta de él seguramente daría por terminado el tratado que tenían. Su hermano quedaría desamparado en plena recuperación y ella muy endeudada.
No podía hacerlo, quizás si las cosas hubieran sido distintas, si Michele no la estuviera ayudando económicamente… si tan solo no existiera nada de por medio, ella le hubiera podido confesar lo que sentía por él.
Posiblemente él terminara por abandonarla debido a que no quería nada con nadie, pero al menos hubiera podido tener la valentía de decirle lo que sentía. No le importaba que no le correspondiera, pero se lo hubiera confesado sin miedo.
Pero en su posición, lo más prudente es que callara y siguiera como iban.
—No pasa nada, ¿Por qué habría de pasar algo?
—Porque lo noto en tu mirada, dime que es lo que pasa. ¿Es por tu hermano?
—No —la negación de ella irrita a Michele quien termina por sujetar sus muñecas llevándola por encima de su cabeza.
—¿Es por el convenio que hemos hecho? —el CEO frunce la mirada.
Los ojos de Daviana eran muy cristalinos, mucho más de la cuenta. Le decía que le estaba ocultando algo.
—No, no es por nada. Porque no pasa nada.
—¡Es eso!, te sientes mal después que tenemos sexo porque sientes que te vendes por dinero.
La castaña aplana los labios ante su comentario, luego frunce el ceño y termina por alejar a Michele de ella. Se sienta en la cama para envolver su cuerpo con la sabana.
—No es por eso, tú no sabes nada de cómo me siento.
Michele frunce más el ceño, la sujeta del hombro y la hace acostarse en la cama de nuevo. Se acomoda sobre ella para enfrentarla.
—¿Ah no? —estaba furioso, detestaba la idea de saber que ella no confiaba plenamente en él.
—Ya te dije que no, y suéltame quiero darme un baño.
—¿Te molesta estar conmigo?
Los fuertes latigazos de su corazón la dejaba sorda.
—¿Es eso, no es así? Estas follando conmigo solo por ese maldito contrato —la voz de Michele sonaba a algo más que ira, era como si de verdad le molestara que ella tuviera sexo con él solo por un trato y dinero.
¿Cómo se supone que debía tomar esa actitud? Era muy extraño que su voz sonara como a decepción.
—Dime Daviana, ¿no disfrutas tener sexo conmigo?
< Joder, como le digo a este hombre que me fascina coger con él sin que se dé cuenta de lo que siento>
—¡Daviana! —su voz la trae de vuelta a la realidad.
—Lo disfruto Michele, realmente me gusta tener sexo contigo. ¡Estoy siendo sincera!
Sus palabras le aliviaron el alma, sin embargo sentía que ella le ocultaba algo más y necesitaba descubrir que era.
—¿Es todo? ¿Segura? —Michele aprieta las muñecas de Daviana al hacerle la pregunta.
—Si.
Él aplana los labios luego de su contesta, seguía sin creerle. Lo que no entendía era porque ella no confiaba plenamente en él, ¿acaso le daba motivos para no confiar? ¡Si! hicieron un trato sucio por decirlo así, pero Michele creía que con todo lo que hacía por ella y su hermano podía borrar esa mancha de convenio que hicieron.
Sin embargo, ella no era del todo sincera y eso lo irritaba.
Michele termina por bajarse de encima de Daviana y encaminarse hasta el cuarto del baño. Se sentía cabreado por no poder conseguir que ella fuese del todo abierta para con él, él deseaba más que sexo de Daviana.
La joven castaña ve alejarse a Michele de una manera que la hizo pensar que estaba enojado. Ella termina por sentarse en la cama y pensar que estuvo a punto de revelar la verdad de sus sentimientos.
Frota su rostro con desasosiego, necesitaba tener más control de sí misma.
[…]
A la mañana siguiente no había trabajo en la empresa, Daviana salió muy temprano a la clínica para ver el progreso de su hermano. No quiso despertar a Michele para algo como eso, así que se macho de casa, pero le dejo una nota para que no ocurriera ningún mal entendido.
Le tomó poco tiempo llegar a la clínica, y corrió con suerte ya que su hermano estaba despierto. Al verlo ella sonríe puesto que su semblante era mucho mejor al de meses atrás, era un alivio que Arthur muy pronto iba a salir de todo eso.
—¡Buenos días! —Daviana oye la voz de Gael llevando la vista hacia la entrada —. No esperaba verte tan temprano en aquí —le sonríe el médico.
—No podía esperar para venir a ver a mi hermano, me fui algo preocupada por él.
—No tienes nada de qué preocuparte, muy pronto le daremos de alta y él tendrá una vida feliz y normal —Gael se queda a su lado.
—Muchas gracias por todo lo que hace por mi hermano.
Gael observa a Daviana de soslayo, ella miraba a su hermano con una expresión de alivio en el rostro que no vio durante tres largos años. Se sentía contento de que ella al fin pudiera tener un respiro.
Sin embargo existía otra cosa de la que debían conversar, y creía que ese momento era apropiado.
—Daviana, me gustaría hablar contigo sobre algo —la castaña levanta la mirada para verlo.
[…]
Michele se remueve en la cama sintiendo el otro lado de la cama vacío, eso lo lleva a abrir los ojos estrepitosamente para fijarse de que Daviana no se encontraba dormida a su lado.
—Escucha, no quiero que te alarmes por esto. No quise hacerlo antes puesto que tenías muchos problemas, pero ahora que tu hermano está mejorando me gustaría que lo supieras. Y ya sé que tú me estas pagando esa deuda, pero quiero que sepas que no tienes por qué hacerlo de verdad.
Daviana no daba crédito a lo que estaba oyendo, no se creía que Gael le estuviera confesando que se sentía atraído por ella. Todo su cuerpo se tensó ante aquella revelación, ella niega mentalmente.
—No, no, es que no entiendo lo que me está diciendo.
—Daviana…— él sujeta sus manos para tranquilizarla —. Simplemente quiero que sepas lo que siento por ti, y la verdad es que me gustaría mucho saber si tienes algún tipo de relación con ese hombre con el que te he visto.
Ella parpadea reiteradas veces…
Michele se queda quieto esperando la respuesta de Daviana, todo él se encontraba inquieto por la contesta de esa mujer.
La castaña se mantiene en silencio, ella no estaba dispuesta a confesarle a Gael que se había enamorado de Michele. Baja la mirada para ver sus zapatos, aplana los labios y piensa en una respuesta convincente.
El CEO no escucha que Daviana argumenta alguna palabra y eso lo enfurece, ¿no era nada para ella?, ni siquiera podía decir que era alguien con quien estaba saliendo. Al parecer se tomaba muy en serio eso del contrato.
—Daviana —menciona su nombre muy bajo y es cuando ella siente que Gael la toma por el mentón para hacerla levantar la mirada —. De verdad me gustas mucho, y quisiera que me dijeras si tengo alguna posibilidad contigo —ella lo mira a los ojos y siente desfallecer —. Solo necesito saber si me darías una oportunidad o si ya estas saliendo con ese hombre con el que te he visto.
Su corazón comienza a latir con fuerza, todo su cuerpo estaba helado y las palabras congeladas en la garganta.
De pronto visualiza que Gael comienza acercarse a ella, o más bien su rostro era quien se aproximaba a sus labios. Ella percibe que ya estaba a punto de besarla y es cuando reacciona y hace amago de alejarlo.
Pero sus intentos fueron en vano, puesto que su cuerpo es impulsado hacia atrás violentamente. Daviana parpadea al ver que fue el mismo Michele quien la alejo de Gael.
—¿Qué crees que estás haciendo? —Michele interroga a Gael manteniéndole la mirada.
—¿Y eso a ti que te importa?
—¡Me importa! —gruñe apretando la mandíbula.
—Creo que ella es quien debe poner cierto orden en este asunto.
Michele mantiene sus ojos puestos en ese doctor ya que él hacía lo mismo con él, ese médico le estaba colmando la paciencia.
Daviana niega y decide interceder.
—Michele, por favor —la castaña pone ambas manos en su pecho —. ¿Por qué estás haciendo esto? —ella lo mira fijamente a los ojos. Y es cuando él decide mirarla, su mirada estaba cargada de ira.
—¿Te costó mucho responder hace un momento? —Daviana da un respigo.
—Daviana, ¿todo está bien? —pregunta el doctor, Michele levanta la mirada para ver furioso al maldito médico. Frunce el ceño y aprieta la mandíbula.
Daviana visualiza esa aura peligrosa alrededor de su jefe y sabe que debe actuar rápido antes de que Michele hiciera una locura y todo terminara peor de lo que ya se estaba poniendo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax