—No, todo está bien —sonríe un poco.
Michele no le cree una sola palabra, pero decide dejarlo quizás no era momento de interrogarla. El CEO cierra la llave y con ella en brazos sale fuera de la ducha, camina con Daviana hacia la recámara y así mismo se tumba en la cama con ella.
Observa como Daviana lo mira con aquellos ojos de asombro mientras que se cuela entre sus muslos mojados.
—Estamos mojando la cama.
—Eso no tiene importancia, ¿o sí? —A Daviana se le ilumina el rostro justo después de sus palabras—. Yo solo quiero follar contigo, no me interesa si la cama esta mojada.
El pelinegro frota su polla contra el coño de Daviana llevándola a arquear su cuerpo y abrir sus labios.
—Casi siempre follamos en el baño, no quiero que pienses que no me gusta coger contigo en la cama.
—Yo…. Yo no he pensado eso —gime con los ojos cerrados.
Michele besa el cuello de Daviana mientras habla con ella con voz sensual. El CEO toca su cuerpo y poco a poco le saca la camisa mojada que llevaba puesta, en lo que ve sus tetas desnudas se lleva uno de sus pezones a la boca y empieza a chupar con fuerza.
—¡Ah! ¡Ah! —su cuerpo tiembla ante el contacto —. Michele —se aferra a su cabello al mismo tiempo que frota su coño contra la polla de él —. Por favor…
Muerde sus labios cuando siente que el mordisquea levemente la punta de su pezón, luego siente que la lengua de ese hombre hace pequeños círculos alrededor de su pezón que la enloquece.
La lengua de Michele era tan tibia que le quemaba la piel, pero le encantaba lo que le hacía sentir. Era inevitable no sentirse de esa manera, las caricias de Michele era una locura para su piel. Toda ella reaccionaba ante él, era como si hubiera nacido para que ese hombre la tocase.
—Michele me siento tan mareada.
En ese momento todo su cuerpo flotaba en el aire, el nivel de calentura en su interior era abrumador. Era demasiado, y con él besándola de esa forma era peor. Esa cualidad que empleaba para hurgar su piel era increíblemente asombrosa.
Podía sentir que se correría tan solo con él tocándola. Termina por morder su boca y arquear un poco más su Columna justo cuando él baja justo por el centro de su cuerpo, al llegar a su ombligo se detiene e introduce la lengua en el pequeño agujero.
Michele succiona su ombligo hasta oírla gemir… el CEO baja un poco más hasta alcanzar la parte baja de su vientre, reparte cientos de besos en su piel al mismo tiempo que Daviana eleva un poco su pelvis.
El pelinegro introduce las manos por debajo de las caderas de ella aferrándose a las nalgas de Daviana, automáticamente ella misma abre sus muslos para él y es cuando Michele conduce su boca entre los labios vaginales de ella.
Al probar su piel Daviana proporciona un respingo, a pesar de practicarle sexo oral muchas veces ella sigue experimentándolo como la primera vez. Comienza a chuparle el coño con fuerza succionando su centro hinchado.
Se había vuelto adicto a Daviana, a su piel, a su sabor, a toda ella. Y eso significaba una cosa, no estaba dispuesto a dejarla ir, no pretendía que otro hombre la tocase o la hiciera suya. Daviana le pertenecía únicamente a él.
El pelinegro vuelve a los labios de Daviana para besarla con pasión, de inmediato ella envuelve su cuello con los brazos, pero él se los quita de encima para llevarlos hacia el cabezal de la cama. Michele observa como ella ensancha la mirada.
El CEO saca la funda de la almohada y luego decide darle la vuelta al cuerpo de la castaña, y con la tela de la cubierta de la almohada ata las muñecas de Daviana en conjunto al cabezal de la cama.
—¿Qué haces?
—Vamos a jugar con algo nuevo.
—¿Nuevo?
El corazón de ella comenzó a latir con fuerza ante esas palabras, visualiza esos ojos verdes y mirada de hambre lo que la lleva a temblar.
Michele admira el cuerpo desnudo de Daviana y siente la cruel necesidad de morderla, se acerca a su nuca y empieza a repartir besos acompañados de pequeños mordiscos fuertes provocando ciertos respingos por parte de ella.
Desciende con sus labios hasta la altura del nacimiento de la línea de sus nalgas y reparte besos por el centro de la misma, mientras que al mismo tiempo entre abre sus nalgas para hacerle paso a su lengua.
Daviana se sentía extrañada y nerviosa por lo que Michele le estaba haciendo, pero intentaba relajarse y confiar en él. Sin embargo sus piernas no paraban de temblar al saber que tenía a ese hombre metido entre sus nalgas.
El pelinegro se aferra a las nalgas de Daviana entre tanto lleva su lengua a aquel pequeño agujero que esperaba por él, en cuanto lo roza, la castaña salta.
—No, espere, ¿Qué hace?
—Solo debes relajarte, Daviana… no pienses en nada más.
Ella oye esas palabras, pero no se tranquiliza. Nunca nadie le había besado el culo, es que ni se imaginó que esas cosas también se practicaban en la cama.
Muerde sus labios en la espera de lo que haría Michele, ese hombre era voraz.
Entre tanto Michele lame el ano de Daviana tal cual como si estuviera lamiéndole el coño, era sorprendente el grado de dulzura de esa mujer. No existía un rincón de su cuerpo que no fuese dulce y apetitoso.
Mientras más le lamia el culo, ella empezaba a dejar de estar tensa y comenzaba a disfrutar el acto. Cuando sintió que Daviana estaba lista, se incorpora un poco quedándose de rodillas con las piernas de ella en medio de sus muslos.
Afianza ambas penetraciones hasta que consigue que ella grite del placer, aquel grito fue como música para sus oídos. Daviana empieza a mover las caderas al compás de las penetraciones y se aferra del espaldar de la cama.
Tensa la tela, pero debido a que estaba bien amarrada no se suelta. Michele sigue con su misión hasta que una explosión de agua corre por sus dedos, aquella sensación de tibieza lo impulsa a eyacular dentro del culo de Daviana.
Daviana oye gemir con rudeza a Michele llenando su alma de goce. Muerde sus labios con fuerza ya que a pesar de haber experimentado un increíble orgasmo le seguía doliendo que su jefe penetrara su culo.
Hasta que de un momento a otro él lo retira y es cuando ella siente un enorme alivio, pero también escozor. Suelta el aliento contenido y relaja su cuerpo sobre aquella sabana húmeda.
—¿Estas bien?
—Un poco adolorida, pero estoy bien… ¿puedes desatarme?
—Claro…
Michele se inclina hacia ella para dejar furtivos besos en el centro de su cuerpo, la piel de Daviana se eriza ante aquellas caricias. Cierra los ojos al disfrutar de esos labios tan cargados de placer.
Abre los ojos y piensa y cree con confianza que estaba enamorada de Michele. Esas sensaciones que sentía cuando estaba con él no se debían simplemente a por el sexo, era algo más y eso tenía que ser sentimientos involucrados.
Como tonta involucro los sentimientos en ese trato en que no debía implicar ningún tipo de emociones. Ahora sí que estaba jodida por la gran idiotez que había hecho, le permitió al estúpido romance mezclarse con ese trato de dinero.
Solo era sexo, y ahora se había enamorado de un hombre que no buscaba una relación permanente con una mujer. Que terrible error cometió, y lo peor de todo era que su convenio no tenía tiempo de caducidad.
Mientras que Michele desata sus muñecas besaba sus hombros al mismo tiempo que rozaba su lengua contra su piel, Daviana cierra los ojos ante el contacto, su piel se erizo de pies a cabeza y todo su cuerpo estaba completamente relajado.
—¿Estas bien? —la pregunta la hizo abrir los ojos lentamente sabiendo que debía mentir con su respuesta.
—Sí, estoy bien.
Michele la oye, pero sospecha que no era sincera. La mira por encima del hombro notando que su mirada era diferente, el CEO se incorpora un poco para pensar las cosas.
—Daviana, ¿Qué está pasando? ¿Te he ofendido al hacerlo de este modo? —la joven agranda la mirada ante aquellas preguntas —. Quiero que me respondas con la verdad, dime lo que está pasando.
Su corazón comenzó a latir frenético, hasta que Michele le hace girar el cuerpo para enfrentarla. Ella admira sus ojos y se siente desfallecer, sin embargo no podía confesarle la verdad.

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