Entrar Via

El arte del clímax romance Capítulo 8

En un nuevo día de trabajo Daviana llega temprano a la oficina sintiéndose victoriosa de haber podido conseguir llegar a tiempo. La joven se encamina hasta la oficina de su jefe para checar que todo esté en orden para cuando él llegara.

La castaña ingresa en el despacho de su jefe y lo primero que hace es organizar las sillas que estaban bastante desacomodadas, al rodar una, Daviana echa la vista hacia el piso fijándose en algo muy inusual.

Frunce el ceño al agacharse para recoger aquella prenda de encaje rojo, la toma por el borde para levantarla en lo alto. Detalla bien esas bragas y siente como especie de algo inquietante dentro de ella que no lograba explicar.

Aquella oficina pertenecía a Michele su nuevo jefe, y si esas pantaletas se encontraban allí y con las sillas desperdigadas significaba una cosa…

—¡Buenos días! —Daviana escucha la voz de su jefe a sus espaldas que la hace dar un respingo, la joven envuelve las pantaletas en su mano para evitar que él se diera cuenta de que ella las había pillado.

—Buenos días, señor Gershon… ¿quiere que le traiga un café?

Michele cierra la puerta sin apartar la vista de su secretaria, la había encontrado en su oficina haciendo no sé qué, y le pareció curioso que actuara de manera tan nerviosa.

—Ha llegado temprano hoy —responde con recelo.

—Si —Daviana contesta muerta de los nervios.

—Sí, quiero un café.

—En seguida se lo traigo.

Se encamina hasta la puerta con las pantaletas en la mano envuelta en un puño, era increíble que hubiera pasado por lo mismo; tanto con el padre como con el hijo. Ambos eran iguales, y eso que ella creyó que su jefe era diferente a Connor.

Pero ver esas pantaletas en su oficina le dejaba claro que era otro mujeriego más.

La joven lanza las bragas en el cesto de la basura con un poco de ira y las observa. No es que se creyera que era especial para su jefe, era evidente que ese hombre sostenía relaciones sexuales con una larga lista de mujeres.

Lo inquietante de todo era que esa mujer con la que estuvo la noche anterior tenía que pertenecer a la empresa, cuando ella salió disparada únicamente dejo a padre e hijo en la oficina.

Luego niega, no podía estar pensando en esas pendejadas con respecto a su pervertido jefe. Ese no era problema de ella a quien se follaba en su oficina o no.

De regreso con el café, la castaña ingresa en la oficina de su jefe llevándose la sorpresa de encontrar a Connor sentado hablando con su padre. Nota que Michele levanta la mirada y ella siente que todo su cuerpo se especula.

—Disculpe, aquí le traigo su café —en ese instante Connor la mira de soslayo fijándose en ella, cosa que no le agrado.

—Se le ha olvidado el mio, señorita Morris—se tensa ante su comentario, sin embargo camina hacia donde estaba su jefe para dejar la taza de café en la mesa.

—Creo recordar que ya tienes secretaria que se encargue de eso —responde de manera tajante el padre mientras que le da un sorbo a su café —. Eso es todo, puede retirarse —Michele le dice con rudeza a su secretaria sin siquiera mirarla.

A pesar de portarse como un ogro delante de otros, no le quitaba el mérito de que la defendió. O bueno, eso es lo que deseo creer.

Connor guardo una sonrisa maliciosa mientras miraba de reojo a Daviana, aún no se le olvidaba lo que le había dicho; y esperaría una respuesta de su parte en un periodo corto de tiempo.

[…]

Era imposible dejar de lado las palabras de su ex jefe.

Daviana cierra la puerta de la oficina soltando el aire contenido, pestañea puesto que sabe que Connor la volvería a amenazar.

—Daviana no seas tonta, ¿Cómo demonios te va a despedir? —musita muy bajo —. Él no es el dueño de la empresa, es su padre. No tiene argumentos para poder echarte —se dice para sí misma.

Luego duda, puesto que su nuevo jefe llevaba fuera mucho tiempo y Connor era quien llevaba las riendas de la compañía, si hablaba mal de ella si podría conseguir que la despidieran… la joven frota su rostro con impaciencia.

—No, no, yo no he hecho nada malo como para que me echen. Mierda, ¿Por qué demonios no se obsesiona con otra? —bufa frustrada.

Mira su escritorio y sabe que debe ponerse a trabajar en vez de estar perdiendo el tiempo y dando verdaderas razones para que la despidieran… ese día convocaron a una junta para darle la bienvenida al dueño, por ende iba a estar presente mucha gente.

[…]

La castaña organizo la sala de reuniones tal cual como lo hacía siempre, los presentes ya estaban comenzando a llegar mientras que ella los ubicaba en sus respectivos lugares. La pelirroja también estaba allí ayudándola, o bueno, aprendiendo.

—Estoy nerviosa, es la primera vez que estaré en una junta como esta.

—Sera mejor que te tranquilices, a tu jefe no le gusta que su secretaria este nerviosa. Tienes que estar muy atenta a cualquier cosa que él te pida.

—De acuerdo… aunque a decir verdad yo siempre estoy atenta a todo lo que él me pida —Daviana la pilla sonreír de manera pervertida.

—Este no es lugar para estar pensando como tu jefe te folla —la reprende, si esa chica hacia algo mal ella misma podía pagar las culpas.

—Vamos, ¿no me digas que el padre de Connor es frío? ¿Acaso no te ha echado una miradita?

Daviana traga saliva por la pregunta capciosa de esa pelirroja… necesitaba aparentar profesionalismo, no podía estar recordando como su jefe le abrió las piernas en su oficina y le lamio el coño hasta el clímax.

Capítulo 8 Cabreada 1

Capítulo 8 Cabreada 2

Capítulo 8 Cabreada 3

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El arte del clímax