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El arte del clímax romance Capítulo 9

Recoge sus cosas de la mesa para marcharse a casa, cuando tiene todo listo se encamina hasta la oficina de su jefe para informarle de su partida, pero ni logra llegar a la misma ya que Connor aparece detrás.

—¿Ya te vas? —ella da un respingo al escucharlo.

—Si señor Gershon…

—¿Has pensando en lo que te he dicho? Solo serán unas pocas veces, no tienes que darle tanta importancia al asunto, es diversión, ¿no te diviertes de vez en cuando?

— No, señor Gershon… yo creo que se ha equivocado conmigo. No soy de ese tipo de mujer, además usted es mi jefe también.

Él se adelante unos pasos hacia ella de manera intimidante.

—¿Y eso que? —fue la misma respuesta que le dio el padre —. Nadie tiene porque saberlo, además tener sexo un par de noches no provocará ningún problema —añade con una sonrisa maliciosa.

—Lo siento, pero no estoy interesada —Daviana sujeta su bolso ante la extrema cercanía de Connor.

—Eso quiere decir que estas follando con alguien más… —el joven CEO introduce las manos en sus bolsillos mientras que la mira —. Si te soy sincero no me interesa que tengas novio, podemos buscar la manera de coger sin que él se entere.

—Como le dije, no estoy interesada.

En ese instante la expresión de Connor cambio, paso de ser depravado a cabreado. No le gustaba que lo rechazaran y eso era más que evidente.

—¿Te rehúsas entonces?

—Señor Gershon, lo que me está pidiendo es una locura y no tiene sentido alguno.

—Es bastante fácil, tienes sexo conmigo y mantienes tu empleo intacto. No hay mucho que pensar, y tampoco es tan complicado de aceptar —responde con ironía mientras se aproximaba a ella.

La angustia crecía en el interior de Daviana, estaba negándose de la manera más decente que podía. Pero es que ese hombre no comprendía que no era una mujerzuela que se acostaba con cualquiera.

Y encima de eso, ni siquiera se sentía atraída por él, más bien por el padre era por quien se mojaba como una idiota.

—Mi padre no se quedará mucho en esta compañía, su estadía aquí siempre es corta. ¿Qué crees que pasara cuando él se marche de nuevo? —ella ensancha la mirada —. Siempre hace lo mismo, viene y luego se va cuando se aburre…

< ¿Cuándo se aburre?>

—Y cuando eso suceda yo volveré a quedar como jefe de esta empresa, ¿y qué crees? ¡Te voy a despedir! —el CEO ensancha la sonrisa de infame entre tanto Daviana trata de retener las lágrimas.

—Pero, yo no he incumplido con mi trabajo…

—Me parece que mi secretaria es mucho más competente que tú.

Daviana niega cuando ya roza la puerta de su jefe.

—Puedo hacerlo, y en lo que mi padre se marche que sé que será muy pronto tú te iras también si no accedes a mi petición. O también puedo hablar con él y mencionarle ciertas cosas que has estado haciendo mal, seguro que también pensara igual que yo y decide sacarte de la empresa.

—Yo no he hecho nada malo, y usted lo sabe.

—Pero mi padre no lo sabe.

Daviana muerde la carne interna de su boca y cuando nota que Connor estaba más cerca de ella abre la puerta de su jefe e ingresa en la oficina abruptamente, de inmediato se da cuenta de que Michele levanta la vista de su ordenador.

—¡Daviana! —frunce el ceño al verla —. ¿Qué ocurre? —con el corazón a punto de salir por su boca responde.

—Ya me voy a retirar señor Gershon, era para que estuviera al tanto —él mira su reloj de mano y termina por inclinarse en su silla.

—Se ha hecho tarde, ¿Por qué te has quedado más de la cuenta? —pestañea al recordar al imbécil de su hijo y sus malditas amenazas.

—Me demore acomodando la sala de juntas.

No podía hacerlo, no lograba como contarle a ese hombre que su hijo la estaba acosando. Se notaba que existía una relación estrecha entre padre e hijo, si una simple empleada llegaba contándole cosas malas de su propia sangre seguramente que las cosas terminarían de empeorar.

—¿Ah, sí? —sospechaba que esa razón era muy vaga.

Michele se pone en pie para rodear su escritorio, luego termina por sentarse en el borde del mismo entre tanto se cruza de brazos. Observa a Daviana y recuerda cuando la noto tensarse en la junta, se preguntó si en esos momentos se encontraba igual.

—Daviana, puede acercarse un momento —la castaña palidece y él lo nota, lo que confirma sus sospechas.

—Debo irme, señor.

—Eso ya lo sé…

El CEO le hace una seña de acercamiento con el dedo índice que la hace temblar, era una mezcla de zozobra con excitación bastante fuerte. Y aunque se hubiera dicho miles de mierdas en la sala de juntas de que sería fuerte para resistir, en ese momento no lo consiguió.

Sus pies comenzaron a andar por si solos yendo directo hacia donde estaba su jefe esperándola con un brillo malicioso en la mirada que la estremeció. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de él percibió que sus ojos parecían a los de un león.

—En la junta —dice estirando los brazos para sujetar su cuerpo de ambos bolsillos de su falda y jalarla hacia su cuerpo—. Sentí que estabas muy tensa, me estuve preguntando porque—finaliza metiéndola entre el medio de sus prominentes muslos.

Daviana contenía el aliento al sentir la respiración de su jefe sobre su mentón, ella solo conseguía mirar sus ojos verdes y esos labios de infarto. Intenta tragar saliva disimuladamente, pero sabe que eso era imposible.

—¡AHHH! —Gime con fuerza, sin embargo la corbata hacia un buen trabajo apagando sus gritos.

Ella seguía negándose a continuar, pero sus movimientos y acciones le decían al CEO que deseaba prolongar aquel acto hasta llegar al final. Michele muerde sus labios al ponerse en pie y caminar con ella en brazos hasta el pequeño sofá que yacía en esa oficina.

Con ella envuelta en su cadera se sienta en el sofá y concluye por subirle lo que resta de esa falta, la enrolla en su cintura dejando al descubierto sus pantaletas para nada sensuales. Era curioso que ella no utilizara ropa de encaje o un poco más atrevida.

Masajea la curva de su cadera mientras besa su mentón. Luego toma sus muñecas llevándolas detrás de su cuerpo, con una sola de sus manos la sujeta mientras que la otra retorna a frotar su coño húmedo, estaba tan mojada que su dedo entraba con facilidad empapándose de sus fluidos.

Quizás ella no se diera cuenta de ello, pero estaba realmente excitada y lubricada para recibir su polla con todo gusto, y esperaba que esa vez si se pudiera dar ya que su pene estaba que explotaba.

Con esa noche sería la tercera vez que esa castaña lo ponía duro y si no lograba concretar follarsela ese mismo día iba a morir.

—Daviana —susurra—. ¿Vas a hacer mía? —pregunta penetrando su coño con algo de impaciencia a lo que ella gime dando un respingo —. Solo necesito que asientas.

Ella no ejerce ningún tipo de respuesta ya que no estaba lista para nada de eso, y menos cuando era virgen; no tenía idea de qué diablos hacer. Encima de eso no deseaba ser el revolcón de una noche con su jefe.

Y aquel pensamiento la hizo entrar en razón y recordar esas malditas pantaletas rojas que encontró en esa puta oficina. Se tensó abruptamente puesto que hasta pudo follar con la estúpida de la pelirroja en ese mismo sofá.

La libido de Daviana se cortó y lo primero que hizo fue alejarse de su jefe para mirarlo incrédula, como pudo permitir dejar pasar por eso una vez más, ese desgraciado cogió con la pelirroja la noche anterior y ahora quería ligar con ella.

Se quita la maldita corbata de la boca para lanzársela en el pecho de su jefe.

—¡Ni muerta!

Y mientras bajaba su falda camina hasta la salida, iba muy cabreada, pero con ella misma por dejarse envolver de esa manera. ¿Acaso no se quería un poco? Como era posible que se dejara seducir por ese tipo cuando había follado con otra empleada el día anterior.

—Que maldito…—musita llamando el ascensor.

En eso recuerda las pantaletas, y decide regresar a por ellas rápidamente. Estaba segura de que le servirían de algo.

[…]

Michele se queda con la boca abierta mientras seguía sentado en el sofá con una gran erección entre sus muslos, ¿de qué demonios se había perdido? Mira hacia la puerta abierta y frunce el ceño.

—Pero que carajos con esta mujer…

Lo rechazaba una y otra vez luego de estar bien calientes, ¿a qué demonios estaba jugando? Se pregunta poniéndose en pie.

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