Estefanía observó el mensaje en su celular, donde aparecía la notificación del depósito. Ya ni siquiera tenía ganas de contar cuántos ceros había en la cifra.
Doce años de entrega, cinco de matrimonio, y todo lo que recibía a cambio era esa secuencia de números.
No sabía qué habría hecho si pudiera regresar el tiempo, volver a esos doce años atrás. Pero en este mundo no existen los “y si”. El tiempo nunca retrocede. Las personas solo pueden seguir adelante.
Con el celular aún en la mano, vio cómo Gilberto Navas bajaba del segundo piso. Se acercó y le dijo:
—Benicio está afuera. Dice que tiene algo para entregarte. ¿Quieres salir a verlo? Si no quieres, yo puedo ir en tu lugar.
Estefanía se quedó pasmada un segundo. ¿Cómo era que su hermano sabía que Benicio estaba ahí?
Gilberto, notando su desconcierto, aclaró:
—¿No lo habías bloqueado ya? Le llamó al abogado, el abogado me avisó a mí.
Estefanía ya no tenía ningún deseo de ver a Benicio.
—Entonces, hermano, mejor ve tú.
—Está bien —asintió Gilberto y salió.
...
Benicio permanecía en su carro, nervioso, atento a la calle por donde esperaba ver salir a Estefanía. Sin embargo, quien apareció fue Gilberto.
Se le escapó una sonrisa amarga. Era de esperarse, después de todo. Estefanía ya no quería verlo.
Bajó del carro.
—Hermano.
—Mejor olvídate de llamarme así —replicó Gilberto, con voz cortante—. Entre tú y yo ya no hay ninguna relación.
Sin importar el tono de Gilberto, Benicio lo aceptaba. Se volvió y sacó del carro una maleta, entregándosela:
—Ya limpié la casa. Quedó vacía. Estefanía había dicho que quería venderla, así que ya la puede anunciar. Los papeles de la casa y todo lo demás están ahí dentro. Que decida ella qué hacer.
—Ajá —respondió Gilberto, sin mucho interés.
Cuando Benicio lo vio a punto de irse, se apresuró:
Benicio se quedó observando su silueta alejarse, con el corazón lleno de vacío.
...
Cuando Gilberto regresó a la casa, fue directo con Estefanía y le entregó la maleta.
—Esto te lo manda él. Dice que ahí están los papeles y que la clave de la casa es 123456, para que la pongas en venta.
Estefanía no ocultó nada frente a Gilberto. Abrió la maleta ahí mismo. El resplandor dorado casi los dejó ciegos.
Dentro había medio maletón lleno de oro y, encima, una pila de títulos de propiedad.
Gilberto se asomó y no pudo evitar comentar:
—Bueno, por lo menos en cuestiones de dinero no se tentó el corazón. Aunque era lo mínimo que debía hacer. Si se hubiera atrevido a dejarte en la ruina, le habría ido mucho peor.
Estefanía revisó los títulos de propiedad. Para ser honesta, ya ni recordaba dónde quedaban varias de esas casas. Su plan era conservar tres y vender todas las demás. Otro día le pediría a su hermano que la llevara a recorrerlas.
De repente, algo cayó de entre los papeles de propiedad...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...