¿El informe de Benicio es verdadero o falso? ¿Por qué alguien se lo entregó a Cristina?
Gregorio solo estaba seguro de lo primero.
Después de indagar por todos lados, finalmente logró confirmar que Benicio sí se había hecho unos exámenes recientemente, y que los resultados coincidían con los del informe en cuestión.
¿Pero quién se lo dio a Cristina…?
Sea quien sea, no tenía buenas intenciones.
¡Pero eso ya no importaba! A estas alturas, no tenía marcha atrás: traicionar a Benicio era inevitable, y si quería actuar por su cuenta, tenía que aferrarse a Ezequiel con todas sus fuerzas.
Con Gilberto instalándose en Puerto Maristes, estaba claro que en el futuro ese sector tendría a Gilberto como único líder. Además, con Ezequiel, ese niño mimado, dispuesto a compartirle una parte, Gregorio tenía que aprovechar y tomar lo que pudiera, ¡cueste lo que cueste! En ese mundo lleno de gente astuta y calculadora, Ezequiel era de los pocos ingenuos a los que se podía manipular fácilmente, casi como un nuevo Benicio.
—Hmph, pensar que cuando Gabriel recién llegó, todos decían que nuestra empresa sería su socio preferido. Ezequiel venía a diario a hacernos la barba, buscaba cualquier pretexto para acercarse. Y ahora… —Gregorio apretó los dientes, lleno de rabia— ¡cómo cambian las cosas!
Cristina, intimidada por el estallido de Gregorio, preguntó con voz temblorosa:
—Entonces… ¿qué vamos a hacer?
Si quería acercarse a Ezequiel, pero Ezequiel la evitaba, ¿qué sería de ella? ¿Cómo reaccionaría Gregorio?
Gregorio la miró con una expresión cortante.
—Mejor quédate en las sombras, no te expongas ni llames la atención. Y que en tus cuentas no haya ningún contenido que se relacione conmigo, ¿me entendiste?
Cristina se sonrojó de pura rabia, pero no se atrevió a desobedecerlo. Ni siquiera se animó a llorar después de que él le gritó; solo se quedó ahí, con los ojos enrojecidos y la voz quebrada.
—¿Entonces… ni siquiera voy a poder salir? ¿Qué soy yo para ti?
Gregorio la miró de reojo.
—Haz caso y ya. De todos modos, yo me hago cargo de ti y del niño.
—¿Y yo qué soy entonces? —Cristina, enojada, no pudo evitar gritar— ¡Pude haber sido la esposa legítima de Beni! Pero en vez de eso me quedé contigo… ¡y ahora resulta que soy la que tiene que esconderse!
Gregorio presionó el cuchillo, y Cristina sintió un ardor en la mejilla.
Paralizada por el miedo, respondió con la voz temblorosa:
—¿No… no tienes miedo de que aborte al niño?
Gregorio soltó una carcajada, como si acabara de escuchar el chiste más absurdo del mundo.
—¡Hazlo, ve y hazlo! ¿Tú crees que me faltan hijos? Si quiero, puedo tener hijos con cualquiera; hay mujeres haciendo fila para darme hijos.
Gregorio tiró el cuchillo sobre la mesa y salió del cuarto sin mirar atrás.
Cristina se levantó, se tocó la cara y vio que tenía sangre en los dedos. Corrió al espejo: había una cortadura fina en la mejilla. No sabía si le iba a quedar cicatriz.
Miró su reflejo, destrozada, sin entender cómo había llegado a ese punto. Furiosa, barrió con todo lo que tenía en el tocador y lo tiró al piso, llorando a mares.
Sin embargo, lo peor aún estaba por venir…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...