Ernesto la dejó ahí y se fue, ni siquiera tuvo la decencia de acompañarla hasta el departamento, solo le dijo que fuera a trabajar o que buscara a Beni.
Buscar a Beni...
Cristina esbozó una sonrisa amarga.
La verdad, estaba convencida de que Beni ya sabía algo. Si no, ¿cómo explicar que, estando a punto de casarse, después de haber probado hasta el vestido, de pronto desapareciera sin mandarle ni un mensaje ni una llamada?
¿No era eso muy raro?
Pero, ya no tenía salida. Benicio era su última esperanza...
Así que, acurrucada en la cama del hotel, se animó a llamarlo.
Para su sorpresa, Benicio sí contestó.
—Beni... —al oír su voz, Cristina no pudo evitar romper en llanto.
Esta vez no estaba fingiendo. Sentía el corazón hecho trizas, pensando en aquellos días en que Benicio la cuidaba con todo su amor, y ahora, ahí estaba, como un perro sin dueño, sintiendo un arrepentimiento que la ahogaba.
Pero, ¡todo era culpa de Benicio! Si él hubiera querido tener algo más con ella, si no le hubiera puesto tantas trabas, si no la hubiera dejado siempre con esa inseguridad, tal vez no se habría dejado llevar por Gregorio, ni se habría dejado enredar por sus promesas vacías.
En ese momento, no podía dejar de preguntarse si Benicio ya sospechaba algo.
Sin embargo, la voz de Benicio al otro lado del teléfono sonaba tranquila, como si nada hubiese pasado.
—Cris, ¿por qué lloras así?
Todavía usaba ese tono suave de siempre, como si todo siguiera igual.
Cristina sintió que podía respirar de nuevo y, entre sollozos, preguntó:
—Beni, ¿por qué no has aparecido estos días?
—Ah, es que he estado enfermo, ni siquiera fui a la oficina. He estado guardando cama.
—Cris, discúlpame, pero yo tampoco tengo dinero en este momento. Todo se lo dejé a Estefanía. Ahora mismo, en mi cuenta solo tengo diez mil pesos, ni siquiera me alcanza para la renta del mes.
Cristina se quedó callada un buen rato, hasta que al fin preguntó:
—¿Y la empresa? ¿No hay dinero en la empresa?
—La empresa también está en problemas. Aunque es mía, el dinero de la empresa no es igual que el dinero personal —explicó Benicio—. No te preocupes, el mes que entra todo va a estar mejor. En cuanto pueda, rentamos algo y para fin de año te compro una casa.
Por fin, Cristina sintió que algo de esperanza volvía.
—Beni, entonces, ¿puedo irme a vivir contigo por mientras? Así ahorramos gastos, ¿no?
—Mejor no, por ahora. Sigo enfermo y no quiero contagiar al niño.
Cristina rompió en llanto de nuevo.
—¿Todavía piensas en el bebé?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...