—Por supuesto que me acuerdo, ¿cómo no iba a recordarlo? ¿Está bien? ¿Se porta bien?
Cristina por fin sintió alivio, respiró hondo y se tranquilizó. Por suerte, Beni no sospechó nada...
Mientras tanto, del otro lado, Benicio estaba sentado junto a la ventana panorámica del hotel. Dejó el celular a un lado y se quedó observando el bullicio de la ciudad, la mirada profunda, sin el más mínimo rastro de enfermedad...
El celular volvió a sonar. Esta vez era Gregorio.
Benicio echó un vistazo a la pantalla y contestó.
—¿Bueno, Beni? ¿Dónde andas? Hace días que no te veo —preguntó Gregorio con tono apurado.
—Ah, ando medio mal de salud, ¿qué pasa? —respondió Benicio, recostándose perezoso en la silla.
—Nada tan importante, sólo quería saber si estabas bien —Gregorio, igual que Cristina, intentaba tantear a Benicio con diferentes preguntas.
Benicio no mostró nada fuera de lo común, incluso le soltó:
—Estos días he estado tan mal que ni tiempo para pensar en la boda con Cris he tenido. ¿Me echas la mano? Ayúdame a buscar una agencia de eventos que haga cosas diferentes. Cris quiere una boda especial, y yo con esta enfermedad ni fuerzas tengo, pero tampoco podemos seguir postergando, si no, se le va a notar la panza.
—Sí, sí, claro —respondió Gregorio de inmediato, al menos ya estaba algo más tranquilo, pero seguía sin confiar del todo y continuó con su verdadera consulta—. Oye, hay otra cosa: tenemos algunos pagos pendientes con empresas externas, sus contratos están por vencer. Yo creo que podemos seguir trabajando con ellos, también están interesados. ¿Te parece si renovamos?
—Perfecto, mañana regreso a la oficina y lo platicamos.
—Va, entonces hago que vengan a la empresa mañana para que los veas —Gregorio colgó.
Benicio se quedó mirando el celular y entró al perfil de Gregorio. La foto de fondo de sus publicaciones seguía siendo la de los tres juntos...
Él, Gregorio y Ernesto. Compañeros de universidad, hermanos de vida. Habían pasado por todo tipo de dificultades, lazos más fuertes que la sangre...
Dejó el celular en la mesa sin cuidado y fue a cambiarse de ropa.
Se dirigió a la clínica.
A esa hora, Estefanía debía estar en su sesión de rehabilitación.
—Ve a tu rehabilitación, hay que ir paso a paso. A ver qué más se le ocurre al señor Gilberto Navas —dijo el doctor Morales, llamando a una enfermera para que acompañara a Estefanía a la sala de rehabilitación.
Durante todo ese tiempo, Benicio no hizo ningún movimiento. Estefanía tampoco se percató de su presencia.
Una vez que Estefanía entró a rehabilitación, Benicio se apresuró al encuentro con el doctor Morales.
—Doctor Morales, buenas tardes.
El doctor lo reconoció y asintió.
—¿Es cierto que Estefanía se va a mudar al extranjero? ¿Sabe a qué país va? —preguntó Benicio de golpe, la ansiedad en su voz era evidente.
El doctor Morales lo miró con una expresión complicada.
—Qué raro eres, ¿no se supone que eres su esposo? ¿No sabes a dónde va ella?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...