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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 489

De repente, a Estefanía se le quitaron las ganas de contestar. Como Delfina estaba a su lado, se limitó a sonreírle a la cámara.

—¿Y todavía te ríes? —insistió Noel—. ¿Quién más de tus compañeros fue?

Estefanía dudó un instante. ¿Debía decirle que Benicio estaba allí? Si lo hacía, seguro se iba a enojar. Además, no habían quedado de ir juntos, había sido una simple coincidencia. Pero mentir no era algo que quisiera hacer. Si a él le molestaban tantas cosas, ¿iba a tener que mentirle siempre, toda la vida?

Esa breve vacilación fue suficiente para que la expresión de Noel cambiara.

—No me digas que también estaba Benicio, ¿o sí?

—Sí —respondió Estefanía, dejando de dudar, aunque aun así intentó explicar—. Pero no fuimos juntos. Él ya estaba en casa de los Caicedo.

—¿Ah, sí? —dijo él, con un tono que destilaba celos—. Qué coincidencia la de ustedes, ¿no?

Estefanía suspiró por dentro y, armándose de paciencia, continuó:

—Él y Agustín eran muy buenos amigos. Ahora trata a sus papás como si fueran los suyos. Básicamente, cuando vuelve al país, se la pasa en casa de los Caicedo.

—Ah —dijo él, y su expresión se agrió todavía más—. Vaya, qué buena imagen tienes de él. Resulta que ahora trata a los padres de los demás como si fueran los suyos.

Estefanía guardó silencio, manteniendo la sonrisa en el rostro.

Finalmente, él pareció darse cuenta de que se había pasado y cambió de tema.

—Amor, llego mañana al mediodía. ¿Puedes venir a recogerme? Y después vamos a comer un buen arroz con mariscos.

Estefanía recompuso sus emociones. Ya que él mismo estaba buscando una salida, ella decidió seguirle la corriente.

—No es eso —reflexionó Delfina—. Simplemente, como tu amiga, espero que encuentres a alguien que de verdad sea tu alma gemela. Puede ser este Noel, o puede que no. Tú valóralo con calma, pero siempre poniendo tu felicidad primero. Si no eres feliz, entonces… bueno, ya sabes.

Estefanía asintió.

—Lo sé, pero también creo que en una relación siempre hay que ajustarse. Si no es un problema de principios, creo que juntos podemos superar cualquier cosa.

—Sí, por eso digo que solo tú lo sabes mejor que nadie. Pero, amiga, no quiero que seas infeliz, ¿entiendes? La vida es corta, a los treinta ya casi se nos fue la mitad. No desperdicies tus años en algo que no te hace feliz, no importa con quién estés —dijo Delfina, abrazándola.

—Está bien, lo sé —respondió Estefanía en voz baja.

—Por cierto, el otro día estaban organizando otra reunión. Fue Iván. Dijo que la última vez, por culpa de Diego, nadie la pasó bien y quería repetirla. Él solo va a estar aquí dos meses más, y si no nos juntamos ahora, todos volveremos a dispersarnos. Me pidió que te avisara. Escuché, solo escuché, ¿eh?, que Benicio no va a ir, pero conociéndolo, quién sabe, igual y aparece. Es que es muy raro, pero siempre que tú estás, él aparece de la nada —añadió Delfina.

Estefanía pensó en la reacción de Noel y decidió que era mejor no ir. Daba igual si Benicio aparecía o no.

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