Al día siguiente, Noel llegó con un ramo de flores enorme que había traído desde Nube de Sal hasta Puerto Maristes.
¿Acaso en Puerto Maristes no había flores?
—Quiero que lo primero que veas al encontrarme sea algo hermoso que te ponga de buen humor —explicó él.
Ese ramo de flores bastó para disipar la pequeña espinita que Estefanía tenía clavada.
«Mientras haya amor», pensó, «incluso los pequeños roces se pueden superar, ¿no?».
El resto del tiempo que pasaron en Puerto Maristes no se separaron ni un instante. Una vez que tuvieron las visas, aprovecharon para viajar por los alrededores. A principios de mes, dejaron Puerto Maristes y volaron de nuevo a Inglaterra.
Esos días de armonía y dulzura hicieron que Estefanía creyera que los pequeños problemas entre ella y Noel no eran realmente un problema, que sin duda ambos podrían ceder o cambiar por el otro.
Al llegar a Inglaterra, se sumergieron por completo en los ensayos para el próximo Festival de las Artes de Edimburgo.
Durante su estancia en Puerto Maristes, Estefanía no había dejado de hacer rehabilitación para su pie, salvo los días que fue a la capilla. De vuelta en Inglaterra, siguió yendo a la clínica todos los días para su sesión de acupuntura.
El doctor Álvarez le dijo que ese mes su progreso había sido notable. El pie lesionado tenía cada vez más fuerza y la diferencia con la otra pierna era mínima.
Estefanía, llena de alegría, le preguntó:
—Entonces, ¿cree que exista la posibilidad de que me recupere por completo y pueda volver a los escenarios?
Cuando decía «volver a los escenarios», se refería a hacerlo como antes, siendo capaz de ejecutar cualquier movimiento de alta dificultad, no como ahora, que tenía que elegir cuidadosamente lo que podía bailar.
—En teoría, es posible —respondió el doctor Álvarez—. Pero en la práctica… será muy difícil y agotador.
—¡No importa! —Mientras hubiera una pizca de esperanza, ella se esforzaría al máximo.
A partir de ese día, Estefanía pasó aún más tiempo en el salón de ensayo.
Lo que no esperaba era encontrarse a Benicio allí.
Él también había regresado.
Ese mismo día había escuchado a las enfermeras de la clínica comentar que el dueño de La Casa de las Galletas había vuelto y reabierto el local, solo que ahora tendrían que ir ellas mismas a comprar.
Por sus palabras, era evidente que les molestaba que Benicio ya no hiciera entregas, pero les gustaba tanto lo que vendía que no les quedaba de otra.
Estefanía se tensó al instante. Lo primero que hizo fue mirar a su alrededor para ver si Noel ya había llegado. Por suerte, no lo vio.
—¿Qué haces aquí? ¿Puedes dejar de buscarme, por favor? —le espetó sin ningún miramiento.
Últimamente, ver a Benicio la ponía de muy mal humor.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...