Después de la fiesta de celebración, Estefanía se fue con su hermano a casa de su tía.
Su abuela y su tía la regañaron por no haberles dicho que iba a bailar. De haberlo sabido, habrían ido a verla sin dudarlo.
Estefanía no quería preocupar a su abuela con los problemas de la compañía, así que se excusó diciendo que «quería darles una sorpresa», y así cambió de tema.
Ya tendría muchas más oportunidades de bailar en el futuro.
Pensaba darles unos días de descanso a sus compañeros, pero se sorprendió al ver el entusiasmo que tenían. Al día siguiente, sus redes sociales estaban llenas de fotos y videos de ellos ensayando.
Eso la motivó. ¿Qué derecho tenía ella a descansar? Así que, después de una breve reunión familiar, regresó a la compañía.
Volvió la noche siguiente, después de cenar. Cuando llegó a su casa cerca de la universidad, ya era de noche. Aparte de la tenue luz de las farolas, todo estaba en silencio.
Kino y su equipo la habían llevado.
El carro se detuvo. Estefanía abrió la puerta y, en cuanto su pie tocó el suelo, fue como si activara un interruptor. Con un suave clic, las luces del jardín delantero de su casa se encendieron una tras otra. Una serie de pequeñas lámparas de piso formaban un enorme corazón de luz que ocupaba todo el espacio.
Y en el centro del corazón, todo estaba cubierto de rosas.
La música comenzó a sonar. Era la melodía de su ballet.
Noel estaba de pie en medio de ese corazón de rosas, con su característica sonrisa tierna y los ojos húmedos, mirándola con anhelo. Sostenía un gran ramo de rosas verdes traídas de Escocia y le tendía la mano.
—Mi amor, mi protagonista, felicidades por el éxito de tu función.
Estefanía se quedó quieta, observando la elaborada escena y al hombre en el centro. Una abrumadora sensación de cansancio, como una enredadera helada, le subió desde los pies, oprimiéndola hasta dejarla casi sin aliento.
Caminó hacia él, sin mirar la mano que le ofrecía ni las rosas a sus pies o en sus brazos. Fijó la vista directamente en su rostro.
—Será mejor que quites todo esto —dijo Estefanía. Rodeada por sus guardaespaldas, esquivó el corazón de luces y rosas, pasó frente a él, subió los escalones y entró a su casa.
—¡Estefanía! —su voz se elevó de repente, gritando a su espalda—. ¿Qué significa esto? ¿Me vas a usar y luego a desechar?
Estefanía nunca imaginó que él diría algo así. Sintió una punzada de dolor y se giró.
—Noel, ¿sabes lo que estás diciendo?
Noel tiró el ramo de rosas verdes al suelo, con los ojos inyectados de rabia y frustración.
—¡¿Sabes todo lo que he sacrificado por ti?! Yo encontré al doctor, yo te acompañé en tu rehabilitación, yo modifiqué tu plan de recuperación una y otra vez. Dejé mi hogar y mi país para estar contigo, para que pudieras volver a brillar bajo los reflectores. ¡Di tanto por ti, y ahora quieres abandonarme con un simple "terminamos"! ¿Alguna vez has pensado que sin mí, Noel, la Estefanía de hoy no existiría?
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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...