—Estefanía, ¿sabes? —dijo Noel, con la voz cargada de emoción—. Cómo desearía ser yo el que está en esa cama de hospital. Si fuera así, ¿sentirías lástima por mí? ¿Estarías agradecida? ¿Volverías a aceptarme?
La mirada de Noel ardía con esa vehemencia tan suya.
Estefanía sintió una opresión en el pecho, una tensión automática que la asfixiaba. Cansada, subió un poco la ventanilla del carro para no tener que verle los ojos.
—Noel, las cosas no son así. Ya terminamos, y lo único que deseo es que empieces una nueva vida. Sigue adelante, no mires atrás —dijo Estefanía, intentando no provocarlo, pero también deseándoselo de corazón.
—¡No! —gritó él con la voz rota, al borde del llanto—. ¡No es así! Ya perdonaste a Benicio, ¿verdad? Vas a verlo, te preocupas por él, ¿no es cierto? ¡Tú que tanto lo odiabas! Y ahora vas al hospital a compadecerte de él. ¿Por qué no fui yo quien te salvó? ¿Por qué…?
Cada «¿por qué?» era un golpe contra la ventanilla del carro, y con cada golpe, una punzada familiar taladraba las sienes de Estefanía.
La abuela la abrazó y le dio palmaditas suaves en la espalda, mientras llamaba con voz dulce al joven que estaba afuera.
—Noel, Noel…
Era un tono suave, pero con un poder tranquilizante que podía aplacar la furia de cualquiera.
En brazos de su abuela, el dolor de cabeza de Estefanía comenzó a ceder. Afuera, la voz de Noel se quebró en un sollozo.
—Abuela, abuela… yo amo a Fani, ¿me cree?
—Te creo, hijo, claro que te creo…
Como si de pronto hubiera encontrado un alma gemela, Noel rompió a llorar hasta que le faltó el aire.
—Abuela, yo daría todo por Fani, ¡hasta la vida! Se lo juro, abuela, yo de verdad… la amo con todo mi ser…
—Ay, mi niño… —suspiró la anciana—. Sé que eres un buen muchacho, pero cuando de verdad se ama a alguien, uno no busca la muerte.
Noel se quedó pasmado. Hasta sus sollozos cesaron.
Estefanía se incorporó, apartándose del abrazo de su abuela. Lo pensó un momento y bajó la ventanilla casi por completo, enfrentando de nuevo la mirada de Noel, que tenía los ojos enrojecidos y anegados en lágrimas.
—Noel, ¿alguna vez te has puesto a pensar que quizá no me amas a mí? Que tal vez solo amas una idea que te hiciste de mí. Que hace muchos años, cuando más necesitabas a alguien que llenara un vacío en tu mundo interior, me encontraste por casualidad y me convertí en la encarnación de una diosa para ti. Durante todo este tiempo, no has hecho más que idealizarme en tu mente, pintándome como la mujer perfecta de tus sueños. Y luego, por el dolor de un amor no correspondido, te aferraste a esa idea. ¿Has pensado que si te quitaras ese filtro y vieras a la verdadera Estefanía, te llevarías una decepción tremenda?
—Pero… es que tú eres justo como te imaginaba… —dijo Noel, con la mirada empañada por las lágrimas—. Eres comprensiva, tolerante…
Solo con esas dos palabras, Estefanía sonrió.
Una sonrisa amarga.
—Noel, ¿ves? Dices que soy comprensiva y tolerante, y con solo escuchar esas dos palabras, ya me siento agotada —dijo en voz baja.
Noel la miró confundido.
—¿Acaso no lo eres?
—Sí, lo era cuando estaba contigo, pero eso era porque… —Estefanía bajó la mirada, perdida en sus recuerdos—. Porque sentía que eras como un niño grande y alegre que necesitaba que yo actuara así. ¿Sabes? En ese entonces, me era imposible negarme cuando me mirabas con esos ojos de cachorrito abandonado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...