Estefanía se quedó ahí parada, con la gente pasando a su alrededor como un río, pero ella solo tenía ojos para esa ventana color chocolate. Su mente se quedó en blanco.
Más tarde, los guardaespaldas tuvieron que pedirle que regresara.
Al irse, seguía sintiéndose vacía, con esa sensación de ligereza en el cuerpo que da el vacío emocional.
Sentada en el carro, el zumbido grave del motor era lo único que escuchaba, como un ruido blanco que la desconectaba aún más. Cerró los ojos levemente y, si no fuera por el timbre repentino de su celular, probablemente se habría quedado dormida.
Era su celular.
Miró la pantalla: era Frida.
Frida ahora era la subdirectora de la compañía de danza, su mano derecha.
—Directora, ¿ya vas a regresar al país? Quería checar contigo lo de las invitaciones para la temporada de otoño —preguntó Frida por teléfono.
—Sí, debería ser en estos días. La agenda que discutimos en la última junta me parece bien. Si tienes cambios, mándamelos para revisarlos.
—Va, te los mando ahorita.
Estefanía recibió el archivo de Frida y lo revisó detenidamente en el carro. Le pareció bien y le pidió a Frida que procediera según los ajustes.
—Directora, ¿cuándo vuelves? —preguntó Frida al final.
Estefanía se quedó pasmada.
Escribió la respuesta dos veces y las borró. Al final, solo contestó vagamente: [Aún no lo sé, Frida. Encárgate de la compañía por ahora, te contacto en cuanto llegue a Puerto Maristes].
—Entendido, directora. Buen viaje.
Después de mensajear con Frida y echarse una pestañita, llegó a casa.
Estos días, el tema principal en casa era el regreso de Estefanía.
De hecho, cuando ella y su abuela vinieron, su tía había sugerido tramitarles la residencia permanente.
En ese entonces, temían que la abuela no se adaptara a la vida aquí o que extrañara demasiado su tierra, así que no tomaron una decisión y solo acordaron que se quedara un tiempo.
Pasaron los años y la abuela se adaptó bien, pero la empresa de Gilberto Navas había crecido mucho en su país natal. Además, Gilberto pasaba la mitad del año allá; aunque creció en Europa, ahora prefería su país de origen.
—Hermano —dijo Estefanía antes de subir—, Ana dijo que nunca fue novia de Benicio.
Gilberto no respondió; su silencio indicaba que él también lo sabía.
—Voy a subir a cambiarme. —Estefanía volvió a su habitación, se dio una ducha, se puso el pijama y se acostó a dormir la siesta.
Los humanos son contradictorios.
Hubo un tiempo en que temía no poder dormir; ahora, temía dormirse en cuanto tocaba la almohada.
La experiencia de estos años le decía que, si se dormía tan fácil, despertar sería difícil.
Una vez más, se hundió en el sueño.
Esta vez, fue diferente a todas las anteriores.
Era la hora de la salida. Acababa de terminar un partido en la cancha de baloncesto. Ella tenía una botella de agua en la mano, y Benicio caminaba hacia ella con los chicos del equipo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...