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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 600

Olivia también le hizo segunda, jalando al hijo oxigenado de los Lemus para ponerlo frente a ella.

—Mira, qué buen muchacho, qué guapo, qué moderno.

¿Guapo? ¿Moderno? ¿Buen muchacho?

Estefanía mantuvo su expresión gélida.

—¡Si es tan buen muchacho, cásate tú con él!

—Tú… —Olivia se quedó callada ante la réplica.

El oxigenado cambió de expresión, y el Señor Lemus y su esposa también pusieron mala cara.

Marcelo, temiendo que la situación se saliera de control y no poder cerrar el trato, se inclinó servilmente ante el Señor Lemus.

—Señor Lemus, mi hija es que es muy estudiosa, le preocupa que esto distraiga sus estudios en la prepa, luego hablo con ella y la convenzo.

El oxigenado intervino:

—No va a distraerse, yo también voy a estudiar con ella.

El Señor Lemus estaba muy disgustado y habló con frialdad:

—Dejémoslo así por ahora.

La familia dio media vuelta para irse.

—Quédense a comer, miren que… —Marcelo recordó que en la casa solo había dos guisados y los habían guardado—. ¿Por qué no vamos a comer a la entrada del pueblo? Yo invito a toda su familia.

—Sí, sí, al fin y al cabo seremos familia —añadió Olivia, volteando a llamar a Estefanía—. Estefanía, vente rápido, vamos a comer fuera.

Estefanía no iba a ir a comer, y por supuesto, tampoco iba a dejar que ellos fueran.

Hoy, este asunto tenía que resolverse de raíz, si no, ¡habría problemas sin fin en el futuro!

Ella tenía su propio plan, pero no esperaba que Agustín se le adelantara.

Marcelo se quedó pasmado.

—¿Tú quién eres? —Pensó un momento y luego pareció entender—. ¿No será que te gusta Estefanía? —Dicho esto, Marcelo empezó a reírse con malicia—. Joven, entiendo que te gusten las muchachas, pero no seas impulsivo. Estás chavo, no sabes que el amor no sirve de nada, luego te vas a arrepentir. ¿Acaso te puedes comparar con la fortuna del Señor Lemus?

—¿Dinero? —Agustín se quitó el reloj de la muñeca con desdén y lo aventó sobre la mesa.

El Señor Lemus lo vio y se le oscureció el rostro.

El precio de ese reloj superaba por mucho lo que él le estaba ofreciendo a la familia Navas por el compromiso.

—¿Quién eres? ¿Quiénes son tus padres? —preguntó el Señor Lemus bajando la voz.

Agustín resopló con frialdad.

—No vale la pena mencionarlo. En Puerto Maristes sobra la gente con dinero. El dinero es lo más insignificante de este mundo.

El Señor Lemus empezó a dudar, temiendo haberse topado con el hijo de algún señor importante o millonario.

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