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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 599

Al Señor Lemus le satisfizo la respuesta, tal como se esperaba.

Sin embargo, Agustín, que estaba al lado de Estefanía, la miró con una expresión extraña.

Incluso siendo un sueño, Estefanía sintió una vergüenza insoportable en ese momento.

Sí, en ese instante ella no era más que una mercancía que sus padres ponían en el mostrador para vender al mejor postor. ¿Acaso nunca había visto una situación así?

El hijo oxigenado de los Lemus clavó su mirada codiciosa en Estefanía desde que entró. Agustín lo notó y dio un paso al frente para bloquearle la vista, cubriendo a Estefanía, lo que le ganó una mirada fulminante del oxigenado.

Agustín, por supuesto, le devolvió la mirada con la misma intensidad.

La abuela seguía en el cuarto, sin saber qué pasaba afuera, golpeando la puerta con fuerza.

—¡Abran! ¡Fani, ábrele a tu abuela, rápido!

—¿Y eso qué es? —preguntó el Señor Lemus.

—Es mi mamá, anda mala de salud, está enferma en cama, y la puerta se cerró con seguro por accidente —Marcelo se acercó al Señor Lemus y le susurró—: Es contagioso, mejor no dejarla salir.

Olivia se apresuró a añadir:

—Se contagió por andar de vaga, no es ninguna enfermedad hereditaria.

El Señor Lemus se tranquilizó y volvió a centrar su atención en Estefanía.

—¿Oí que ya va a entrar a la universidad? ¿Y que estudia danza? Eso sale caro, ¿no? —El Señor Lemus sacó una tarjeta bancaria y dijo sonriendo—: Aquí hay un millón de pesos, tómalo para las clases y lo que necesite, no hay que escatimar.

Marcelo estiró la mano para agarrar la tarjeta.

De repente, Agustín levantó el cuchillo y ¡zaz!, dio un tajo sobre la tarjeta.

La tarjeta bancaria quedó partida en dos.

Así, Marcelo, Olivia y el matrimonio Lemus empezaron a hablar del asunto entre el oxigenado y Estefanía.

Entre dimes y diretes, proponían que los dos fueran amigos primero, que estudiaran juntos, que Estefanía le diera clases de regularización al muchacho y que luego fueran juntos a la universidad.

Pero como el Señor Lemus ya había prometido el millón por el compromiso, aunque la tarjeta estuviera destruida, el dinero se daría de todos modos. Eso sí, había que firmar un papel de compromiso. Aunque fuera un acuerdo informal sin valor legal, servía como garantía; en otras palabras, temían que Marcelo se hiciera el desentendido después de cobrar.

En ese aspecto, Marcelo no tenía intención de echarse para atrás. En cuanto sacaron el papel, se preparó para firmar.

—¡El que firme, que se case! ¡El que cobre el dinero, que vaya a la boda! —dijo Estefanía, mirando fríamente a su padre, igual que aquel día en el pasado.

Ahora, con el respaldo del Señor Lemus, Marcelo se sentía más valiente y no temía que esos dos locos realmente usaran el cuchillo. Miró a Estefanía con furia.

—¿Qué tiene de malo este matrimonio? ¿Sabes cuánto dinero tiene el Señor Lemus? ¡Solo vas a disfrutar la vida cuando te cases! Tampoco es que te cases ahorita, ¿no tienes que ir a la universidad? ¡Se casan cuando terminen la carrera! Raúl es un buen muchacho.

Raúl, el oxigenado, al escuchar su nombre, le sonrió a Estefanía.

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