Benicio terminó encontrándose cara a cara con Estefanía en el campus.
Había pasado una semana de la operación de la abuela y Benicio se veía bastante demacrado.
Su abuela era lo más importante para él. Aunque tenía cuidadora, él iba diario al hospital, siempre buscando cómo llevarle algo que pudiera comer.
Escuela, trabajo, cuidar a la abuela.
Igual que antes, era una vida dura. Él, que de por sí hablaba poco, se había vuelto aún más callado.
Pero esta vez era diferente.
Estefanía recordaba que aquel último año de prepa él había estado sumido en una oscuridad absoluta, una desesperación gris.
Su persona más amada estaba por morir y él no podía hacer nada. Estefanía podía entenderlo perfectamente, porque en su vida ella también solo se tenía a sí misma y a su abuela.
Por eso lo había ayudado en secreto.
Pero ahora, aunque se le notaba el cansancio físico, no tenía esa mirada de muerte y desesperanza.
Al contrario. Estaba lloviendo y se cruzaron en las escaleras del edificio de salones. Él no traía paraguas, subía corriendo, con el pelo mojado cayéndole sobre la frente, lo que hacía que sus ojos se vieran más claros.
—¿Estefanía? —Al verla, sus ojos brillaron un poco más—. ¿Vas a baile?
—Sí. —Estefanía dudó, pero preguntó—: Supe que tu abuela está internada. ¿Cómo sigue?
—Muy bien. —El rostro cansado de Benicio mostró relajación y alegría—. Se está recuperando de maravilla. El doctor dice que en unos días la dan de alta.
—Qué bueno, ojalá se recupere pronto. —Lo dijo de corazón, realmente deseaba que sanara, pero la frase sonó tan genérica como la que le diría cualquiera a un desconocido.
Cuando Benicio llegó al salón, como no tenía ropa seca, le pidió prestado un uniforme de baloncesto a Iván, su compañero de equipo, y se cambió en el baño.
Al regresar, encontró a Iván recostado en su pupitre, con uno de sus cuadernos abierto. En él había anotaciones sobre los puntajes de admisión de varias carreras.
Iván se sorprendió al verlo.
—¿Para qué estás analizando esto?
—Hay que analizar para evaluar mis posibilidades y saber hacia dónde tirar, ¿no? —Benicio cerró el cuaderno.
—No, me refiero a que... —Iván estaba extrañadísimo— ¿no pensabas aplicar a las mejores universidades de aquí de Puerto Maristes? ¿Por qué todo esto es de Nube de Sal?
Iván sabía que Benicio tenía nivel para entrar a las mejores de Nube de Sal, pero siempre había dicho que no pensaba irse de Puerto Maristes por cuidar a su abuela.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...