Regresaron al mismo tema: llevarse a la abuela al extranjero. Ella seguía negándose porque no quería dejar a Estefanía, aunque ella le insistía que al terminar la carrera se iría también, que la abuela solo se adelantaba y que ella sabía cuidarse sola.
Gilberto también prometió dejar todo arreglado en México para que a Estefanía no le faltara nada ni corriera peligro.
Pero la abuela seguía negando con la cabeza.
Al final, la tía y Gilberto entendieron que no la convencerían. Así que Gilberto hizo otro plan; llevaba tiempo checando opciones en Puerto Maristes.
—Ya vi una casa, mañana vamos a verla. Si te gusta, abuela, la compramos de una vez —dijo Gilberto.
Estefanía preguntó dónde estaba la casa.
Gilberto dio la dirección y Estefanía se quedó helada. ¿No era esa la misma casa que su hermano compró en el pasado? ¿Ahora la iba a comprar antes de tiempo?
Cuando la abuela escuchó que era una residencia enorme, manoteó al aire:
—No, no, ¿para qué quiero una casa tan grandota? Yo estoy bien aquí, ya me acostumbré a vivir en las afueras, es fácil sembrar mis plantitas.
—Abuela, la casa nueva tiene mucho espacio para que siembres flores y verduras —dijo Gilberto—. Además, no van a vivir solas tú y Fani. Mamá y yo también vamos a venir a quedarnos.
La abuela se sorprendió:
—¿Van a volver?
Entonces Gilberto le contó:
—Creo que el ambiente de inversión en el país está muy bueno ahorita. Mamá, de verdad estoy pensando abrir una sucursal aquí. —Luego le dijo a la abuela—: Así que voy a venir seguido.
Y entonces habría chofer, guardaespaldas, cocinero, jardinero…
Sobraba gente para llenar la casa.
—Mamá —la tía abrazó a la abuela—, es un regalo para ti. Has trabajado muy duro tantos años. Además, si Gilberto quiere invertir, le conviene tener un lugar donde llegar aquí.
Al ver que tenía lógica, la abuela aceptó:
Y dormir envuelta en ese aroma floral hace que uno no quiera levantarse.
Pero al día siguiente había clases. Si seguía durmiendo, llegaría tarde, ¿no?
—¿Fani? ¿Fani? —Parecía la voz de su tía llamándola.
¿La estaba despertando para ir a la escuela? ¿Por qué no sonó su alarma?
Sentía los párpados pesadísimos, de verdad no quería despertar…
Pero ante los gritos de su tía, luchó por abrir los ojos.
—¡Despertó! ¡Ya despertó! —La voz de su tía sonaba llena de sorpresa.
Estefanía estaba confundida, y luego escuchó a su tía gritar:
—¡Gilberto, Gilberto! ¡Fani despertó! ¡Ve rápido por el doctor, corre!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...