—Y mi relación contigo… —Su voz se apagó—. Creí que lo entendías.
—¿Ah, sí? —Estefanía sonrió—. Pues no entiendo nada…
¡Tenía treinta años mentales!
¿Cómo no iba a entender lo que Benicio intentaba decir en este momento? Pero aunque entendiera, ¡fingiría demencia!
En los ojos oscuros de Benicio volvió a bailar una llama.
Era una llama de enojo.
Esta persona era diferente.
El Benicio de antes era tan insípido como el agua simple, como si nada pudiera encender una chispa en su vida. Ahora, había fuego en sus ojos.
Sin embargo, la llama ardió solo un instante antes de extinguirse, y recuperó su frialdad habitual.
—No te hagas ideas raras —dijo él.
—Ah —respondió Estefanía con indiferencia—. No estoy pensando nada.
Él la miró con incredulidad y luego dijo:
—Delfina preguntó cuál era mi actitud, ¿no? Pues mi actitud es…
Estefanía alzó la cara para mirarlo.
Él pareció un poco incómodo.
—Me alegra que la tontita de Estefanía ya sepa cómo protegerse.
Estefanía se quedó de piedra.
En toda su vida nunca había escuchado que le dijera algo tan cursi. Sintió que se le ponía la piel de gallina.
¿«Tontita»? ¿Así la describía?
Le sonó terriblemente mal.
Se puso rígida y le devolvió el insulto sin dudarlo:
—¡El tonto eres tú! ¡Eres el rey de los tontos!
¿O no?
¿Quién más se dejaría manipular así por Cristina?
—Ya no te enojes —Estefanía le puso el muslo de pato confitado recién servido frente a Delfina—. Hay un dicho que dice: no discutas con necios.
—Tienes razón —Delfina atacó su langosta con gusto—. ¡Mejor ahogar las penas en comida!
La comida transcurrió agradablemente. La pelea entre Delfina y Benicio no les quitó el apetito. Al final, se acabaron hasta el postre. Delfina salió apoyándose en Estefanía y le dijo a Benicio:
—¡La próxima vez quiero ir al lugar más caro de todo Puerto Maristes!
Benicio sonrió con resignación.
—Con tal de que mañana no me arrastres a mí y a Iván a correr contigo para bajar la comida, está bien.
—¡Ja! ¡Ahí es donde se prueba la verdadera amistad!
—¡Cuidado, te vas a quemar con el sol!
Estuvieron picándose todo el camino. Benicio tenía que regresar a su restaurante, pero Delfina no quiso ir.
—¡No quiero ver a cierta persona! Estefanía y yo nos regresamos.
Benicio las vio bajar por el elevador hasta perderlas de vista. Al darse la vuelta, se encontró con Cristina parada frente a él.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...