Más allá del lugar 50…
Benicio Téllez siempre había sido el primero de su generación.
Estefanía Navas estaba que echaba humo: «Benicio, ¿qué diablos estás haciendo?».
Benicio simplemente se mantuvo erguido; no le respondió a la maestra y, por supuesto, no podía escuchar los gritos de Estefanía.
—Benicio, ¿tienes algún problema? Cuéntame, ya sea de estudios, de tu vida personal o… tal vez algún problema de amores. Puedes platicar conmigo de lo que sea. —La maestra, con mucha paciencia, intentaba ayudarlo a resolver la situación.
Sin embargo, Benicio solo le soltó una frase:
—Gracias, maestra. Sé lo que hago.
—Tú… —La maestra se quedó pasmada ante su respuesta, pero se aguantó las ganas de regañarlo y trató de razonar con él—: Benicio, yo sé que siempre has sido un chico con criterio y muy disciplinado. Cuando uno es joven, es inevitable toparse con baches en el camino, pero tienes que entender algo: a la adversidad no se le gana tirándose al abandono, sino volviéndose más fuerte que antes y más fuerte que tus rivales. Si te dejas caer ahora y sigues retrocediendo, ahí es cuando la gente realmente te va a perder el respeto.
Bueno, ese discurso hasta Estefanía lo entendió perfectamente.
La maestra le estaba lanzando una indirecta a Benicio: si era por un corazón roto, hacerse la víctima no iba a recuperar a la chica. Solo haciéndose más fuerte lograría que lo valoraran.
Ella no sabía si Benicio había captado el mensaje. De todos modos, él mantenía esa actitud de «me vale madres» y solo respondía por compromiso:
—Lo sé, maestra.
Cualquier cosa que ella dijera, él contestaba:
—Está bien, maestra.
Asentía a todo, pero sus ojos lo delataban: no estaba escuchando ni una sola palabra.
Al final, la maestra no pudo hacer más con él. Después de gastar saliva tratando de aconsejarlo, no le quedó de otra que mandarlo de vuelta al salón.
La mirada de Estefanía lo siguió sin control. Entró con él al aula del área de físico-matemático y se quedó parada a su lado durante toda la sesión de estudio vespertino, viendo cómo hacía garabatos.
En toda la tarde, no prestó atención a nada. Solo tomó una pluma y se puso a rayar en una hoja de papel, escribiendo cosas que ella no entendía.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...