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El Contrato para Olvidarte romance Capítulo 62

La oficina de "La Lupa Dorada" era un caos controlado. Un espacio abierto en un edificio del centro de la ciudad donde el aire olía a café rancio, desesperación y el zumbido eléctrico de un gran chisme a punto de estallar.

Los teclados sonaban como una lluvia de granizo constante. Los teléfonos sonaban sin cesar. En las paredes, pantallas de televisión mostraban canales de noticias de entretenimiento sin sonido.

Ricky Vargas, el editor jefe, estaba en su cubículo de cristal en el centro de la sala, gritándole a alguien por teléfono sobre los derechos de unas fotos de una celebridad en la playa.

Era un hombre con el pelo engominado, una camisa demasiado ajustada y unos ojos pequeños y brillantes que siempre parecían estar buscando un ángulo, una debilidad, una historia que pudiera destrozar una vida y disparar su número de clics.

Colgó el teléfono con un golpe y se frotó la cara con cansancio. Necesitaba algo grande. Algo que hiciera que los anunciantes volvieran a llamar.

Fue entonces cuando vio la notificación de un nuevo correo electrónico en su pantalla. El asunto lo hizo enderezarse en su silla.

"Exclusiva. Confesión de Ava Monroe".

Frunció el ceño. Hacía semanas que la historia de la caída de Ava Monroe se había enfriado. Pero la palabra "confesión" era una carnada que no podía ignorar.

Abrió el correo. Era de una fuente anónima y encriptada. No había texto en el cuerpo del mensaje, solo un archivo de vídeo adjunto.

Con un clic del ratón, lo descargó y lo abrió.

Se reclinó en su silla, sus ojos codiciosos fijos en la pantalla. Vio la imagen de Ava Monroe, la hermosa y trágica amante de Julian Sterling, llorando en un apartamento de lujo.

Y luego escuchó su voz. Entrecortada, llena de dolor.

"...me empujaron... el estrés... si no hubiera ido... ¿y si fue mi culpa?".

Ricky se inclinó hacia adelante, sus ojos se abrieron de par en par. Volvió a reproducir el audio, subiendo el volumen.

No se preguntó de dónde venía el vídeo. No se preguntó si podría estar editado o sacado de contexto. No le importaba.

"EXCLUSIVA: LA AMANTE DE JULIAN STERLING, AVA MONROE, CONFIESA AVENTURA Y CULPA EN TRÁGICA PÉRDIDA. VIDEO INÉDITO".

Arrastró el archivo de vídeo y lo incrustó en el borrador de la publicación.

Luego, escribió el cuerpo del artículo. Fue un trabajo de pura malicia. Pintó a Ava como una villana manipuladora y calculadora que había engañado al poderoso Julian Sterling.

Pintó a Leo Martinez como un rompehogares sin escrúpulos que se había aprovechado de una mujer vulnerable.

No era periodismo. Era un asesinato de la reputación.

Releyó el artículo una vez. Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro. Era perfecto.

Hizo clic en el botón "Publicar".

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