Entrar Via

El Contrato para Olvidarte romance Capítulo 63

El artículo se publicó a las cuatro y siete minutos de la tarde. En el mundo digital, fue el equivalente a una detonación nuclear.

En menos de sesenta segundos, el enlace estaba en Twitter, compartido por cientos de cuentas anónimas y bots. A los cinco minutos, era tendencia nacional. A los diez, otros blogs de chismes y sitios de noticias de entretenimiento ya habían copiado y pegado la historia, citando a "La Lupa Dorada" como la fuente original y añadiendo sus propios comentarios venenosos.

En el silencioso loft de SoHo, Ava no sabía nada de la tormenta que se estaba desatando en el exterior. Estaba sentada en el sofá, intentando leer una novela, buscando un refugio en la ordenada normalidad de la ficción, donde los problemas tenían principio, nudo y desenlace.

El silencio del apartamento era casi absoluto, solo roto por el suave murmullo del sistema de ventilación. Su teléfono, el nuevo y reluciente teléfono que Julian le había dado y que estaba estrictamente monitoreado, estaba sobre la mesa de centro de mármol.

De repente, vibró. Una vibración corta y aguda.

Ava lo ignoró. Probablemente era una notificación del sistema o una actualización de una aplicación.

Vibró de nuevo. Y otra vez. Y otra vez.

La vibración no se detuvo. Se convirtió en un zumbido incesante y frenético sobre la superficie de mármol. Era un sonido de pánico, el sonido de una historia volviéndose viral, rebotando de pantalla en pantalla por todo el mundo.

Con un mal presentimiento que se instaló como una piedra fría y pesada en su estómago, Ava dejó el libro a un lado y cogió el teléfono.

La pantalla de bloqueo estaba inundada de notificaciones. Titulares de aplicaciones de noticias que nunca usaba. Vistas previas de mensajes de texto de números que no reconocía.

Y una docena de mensajes de Chloe, uno tras otro, una cascada de pánico digital.

"Ava, no abras las noticias bajo ninguna circunstancia".

"Acabo de ver algo horrible. Es mentira, todo es mentira".

"Por favor, llámame en cuanto veas esto".

"¡NO LO CREAS, ES MENTIRA! No veas el vídeo, por favor".

"...me empujaron... el estrés... si no hubiera ido... ¿y si fue mi culpa?".

El shock fue tan profundo, tan visceral, que se sintió como si el suelo desapareciera bajo sus pies. El mundo se inclinó, los colores de la habitación se desvanecieron hasta convertirse en un gris borroso.

Dejó caer el teléfono. Aterrizó en la alfombra de seda con un ruido sordo. Pero el audio, su propia voz traicionera, siguió sonando desde el pequeño altavoz, llenando el apartamento silencioso con su dolor manipulado.

Se llevó las manos a la boca, un sollozo ahogado atrapado en su garganta. No podía respirar. El aire en sus pulmones se había convertido en cristal, afilado y doloroso.

La violación fue total. Absoluta. Alguien había estado en su casa. Alguien la había grabado en su momento más privado, en su dolor más vulnerable.

Y luego, habían tomado ese dolor, lo habían diseccionado y lo habían vuelto a ensamblar para convertirlo en un arma. Un arma para destruirla.

La brutalidad de la mentira la dejó completamente paralizada, una estatua de shock y horror en medio de su jaula dorada, mientras su propia voz seguía susurrando su "confesión" desde el suelo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Contrato para Olvidarte