La claridad mental de Ava era absoluta. Su nuevo propósito la llenaba de una energía fría y concentrada. Pero sabía que la estrategia requería paciencia y, sobre todo, comunicación.
Necesitaba contactar a Chloe. Pero, ¿cómo?
Sabía que todas sus comunicaciones estaban monitorizadas. Su teléfono, su tableta, la red Wi-Fi... todo pasaba por los filtros de Julian. Una llamada, un correo electrónico, un simple mensaje de texto a Chloe sería interceptado al instante.
Necesitaba una forma de enviar un mensaje que pareciera tan inofensivo, tan trivial, que los sistemas de vigilancia de Julian —o la persona que los revisara— lo ignoraran por completo.
Se sentó en el sofá, pensando. ¿Qué aspecto de su vida controlaba Julian que pudiera tener un canal de comunicación oculto?
Las finanzas.
Él controlaba sus tarjetas, sus cuentas. Pero le permitía usar una aplicación bancaria en su teléfono para gastos menores aprobados, como pedir comida o hacer compras en línea en sitios autorizados. Él revisaría los gastos, por supuesto, pero se fijaría en las grandes cantidades, en los nombres de las tiendas.
No se fijaría en los detalles. No se fijaría en el concepto de una pequeña transferencia entre amigas.
La idea floreció en su mente, un plan simple pero ingenioso.
Cogió su teléfono, sus movimientos eran tranquilos y deliberados. Abrió la aplicación de su banco. Seleccionó la opción de transferir dinero.
Eligió a Chloe de una lista de destinatarios preaprobados. Julian había permitido que Chloe permaneciera en la lista, probablemente como una válvula de escape controlada para Ava.
Ahora, la cantidad. Tenía que ser extraña. Algo que llamara la atención de Chloe, que la hiciera detenerse y mirar más de cerca. No una cifra redonda como 10 o 20 dólares.
Escribió 10.71.
Luego, llegó a la parte más importante: el campo de "Concepto" o "Referencia". El pequeño cuadro de texto que la mayoría de la gente dejaba en blanco o usaba para escribir "comida" o "alquiler".
Sabía que los sistemas de Julian probablemente no analizarían ese campo para una transferencia tan pequeña. Era un punto ciego.
Leyó las palabras. "AYUDA. CODIGO ROJO. JUEVES 3PM. MISMO CAFE".
La confusión de Chloe se evaporó al instante, reemplazada por una oleada de alarma y comprensión. Código Rojo. No habían usado esa frase en años.
Entendió de inmediato la brillantez del método de Ava. Un mensaje oculto a plena vista.
Sin dudarlo, Chloe abrió la función de transferencia de su propia aplicación.
Seleccionó a Ava como destinataria. Escribió la cantidad: 10.72 $.
Y en el campo de concepto, escribió su respuesta.
"RECIBIDO. NOS VEMOS ALLI".

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