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El Contrato para Olvidarte romance Capítulo 77

A veinte pisos por debajo de la oficina de Julian, en el corazón de la Torre Sterling, había una habitación sin ventanas. Las paredes eran negras, y la única luz provenía del brillo azulado de docenas de monitores de ordenador.

Este era el centro neurálgico del equipo de ciberseguridad de Gavin. Eran un grupo de jóvenes genios, reclutados de las mejores universidades y, en algunos casos, de los rincones más oscuros de la web. Eran los mejores en su campo, y su lealtad a Julian Sterling era absoluta, comprada con salarios astronómicos y acceso a una tecnología que haría palidecer a muchas agencias gubernamentales.

La orden de Julian había llegado hacía menos de una hora. La atmósfera en la sala era de una calma tensa y concentrada.

—Lo tengo —dijo un joven analista con gafas de montura gruesa, sin apartar la vista de su pantalla. Su nombre era Kenji.

En su monitor principal, una serie de líneas de código se movían a una velocidad vertiginosa. —El correo electrónico a 'La Lupa Dorada' fue enviado desde una cuenta de ProtonMail encriptada. Típico.

—Rastréalo —dijo el líder del equipo, un hombre mayor con el pelo canoso llamado Marcus, sin levantar la vista de su propio monitor.

Kenji asintió, sus dedos volando sobre el teclado. —Iniciando el rastreo de IP. El remitente usó una VPN, por supuesto. Rebotando la señal a través de un servidor en Rumanía.

En la pantalla, un mapa del mundo se iluminó, mostrando una línea de luz que saltaba de Nueva York a Bucarest.

—Ahora a Singapur. Luego a São Paulo —narraba Kenji, su voz era un murmullo monótono—. Está intentando cubrir sus huellas. Es un aficionado.

El equipo de Marcus no intentaba romper la encriptación de la VPN. Eso llevaría demasiado tiempo. En su lugar, utilizaron un método mucho más directo y brutal.

Iniciaron un ataque de denegación de servicio masivo y coordinado contra el servidor de la VPN en São Paulo. Al mismo tiempo, explotaron una vulnerabilidad conocida en el software del proveedor de la VPN para forzar al servidor a revelar su registro de conexiones original por una fracción de segundo.

Fue el equivalente digital a derribar una puerta con un ariete.

—Lo tenemos —dijo Kenji, y la línea de luz en el mapa retrocedió desde São Paulo, saltándose todos los servidores intermedios y aterrizando de nuevo en Manhattan.

Unos minutos más tarde, Kenji habló de nuevo. —Tengo una coincidencia. La conexión Wi-Fi del hotel fue utilizada por un dispositivo registrado a nombre de un tal Dante Moretti.

Marcus levantó una ceja. —¿Y quién es Dante Moretti?

—Un editor de vídeo freelance —respondió Kenji, mientras aparecían en la pantalla fotos del perfil de LinkedIn de Dante—. Y según su lista de clientes recientes, su cliente más frecuente es la principal firma de relaciones públicas que representa a la señorita Seraphina Vance.

Un silencio se apoderó de la sala. La conexión estaba hecha. Sutil, indirecta, pero inconfundible.

Justo en ese momento, la barra de progreso de Maya llegó al cien por cien.

—Descarga completa —anunció—. Tengo el archivo de vídeo original.

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