Marisa sonrió y negó con la cabeza.
—No, Bruno, de verdad te lo agradezco mucho, pero solo voy de viaje a Terranova. Una fiesta de despedida sonaría a que voy a renunciar. Mejor hagamos esto: cuando regrese, los invito a todos a cenar para agradecerles por todo su apoyo. ¿Les parece bien?
—¡Por supuesto que sí! —celebraron todos al unísono.
Marisa había estado rodeada de tanta gente amable en Vientario que casi había olvidado que existían personas tan conflictivas como Simón.
Si hasta ahora había disfrutado de tanta paz, era justo agradecérselo a sus maravillosos compañeros.
El día de su partida, todos se acercaron a despedirse y le entregaron pequeños obsequios para el viaje.
—Marisa, la última vez nos trajiste chocolates, ahora nos toca a nosotros darte algo, no vaya a ser que alguien diga que nos compraste con unos dulces.
Las risas llenaron el ambiente.
Marisa pasó la mirada por los presentes; Simón no estaba, al menos tuvo la decencia de no aparecer.
Desde la llamada de Salvador, aquel sujeto no había vuelto a abrir la boca y andaba por ahí como un fantasma.
Marisa recibió los regalos con mucha alegría. Hubo quien le dio una almohada de viaje para que durmiera en el avión, aunque el vuelo solo duraba cuatro horas; otro le dio un bálsamo refrescante, recordándole que el clima en Terranova era tropical y hacía calor todo el año; alguien más le regaló una batería portátil, un salvavidas cuando uno está de viaje y se queda sin pila.
Eran obsequios normales, hasta que alguien le entregó una caja de preservativos.
Marisa se quedó de piedra.
Petra dio un paso al frente con una sonrisa pícara.
—¡Son de la mejor marca! Te los regalo yo. Son carísimos. Un embarazo no es el fin del mundo, ¡pero hay que protegerse de las enfermedades!
Marisa respiró profundo y miró a su amiga, que le hacía una seña de todo bajo control, sintiéndose totalmente resignada.
Con esa despedida y con Bruno llamándola heroína, Marisa sintió como si se fuera a una misión de suma importancia, llevando consigo las esperanzas de todo el equipo.
Ella sonrió.
—¡Tranquilo, Bruno, prometo dejar en alto el nombre de la galería!
Bruno soltó una carcajada.
—Marisa, conozco de sobra tus capacidades. Sobre lo que pasó el otro día, no dejes que las palabras de Simón te afecten. Él siempre ha sido un poco resentido, y como creyó que entraste por contactos, se armó toda una película en la cabeza. La realidad es que nuestra galería es muy pequeña para el gran talento que tienes, y todos nos hemos dado cuenta de eso.
Al final del día, no cualquiera era capaz de restaurar una pintura con tanta maestría, ni mucho menos dejar sin palabras a alguien tan importante como Salvador.
Y el hecho de que Marisa no presumiera de sus logros solo demostraba que, para ella, aquellas hazañas eran cosas de todos los días.
Mientras observaba los hermosos paisajes de Vientario por la ventanilla, iluminados por un sol cálido, Marisa se dio cuenta de que era casi imposible guardar rencor contra alguien como Simón estando en un lugar tan pacífico.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...