Centro Comercial MJ.
El vehículo de la familia Mariscal estuvo estacionado frente a la entrada principal hasta que Davis y Marisa subieron. Solo entonces se puso en marcha con total tranquilidad.
La escena había atraído las miradas curiosas de los transeúntes.
Rara vez alguien tenía la audacia de aparcar justo enfrente de un centro comercial tan exclusivo sin inmutarse.
Davis había insistido en acompañar a Marisa al evento.
Pero ella se lo había prohibido terminantemente.
—Habrá demasiada gente en esa exhibición. Si te llega a dar un ataque, me tocará quedarme en Terranova toda la vida para pagar mi culpa.
Davis hizo un puchero.
—No seas dramática. En mi familia somos muy razonables. Te aseguro que solo te obligarían a guardarme luto por un tiempo...
Al escucharle hablar con tanta ligereza sobre la muerte, el corazón de Marisa dio un vuelco de ansiedad.
Lo fulminó con la mirada.
—¡No digas esas barbaridades, es de mal agüero!
Él soltó una carcajada burlona.
—Vaya, no sabía que te importara tanto.
Marisa se quedó en silencio, bajando la mirada.
Tras una pausa, habló con un hilo de voz.
—Davis, a decir verdad, nunca he tenido que lidiar con la pérdida de un ser querido... salvo por lo que pasó con la familia Loredo.
Al ver la tristeza en sus ojos, Davis sintió remordimientos por su broma de mal gusto.
La miró con infinita ternura.
—Tranquila. Hierba mala nunca muere. Te prometo que voy a seguir aquí por mucho tiempo.
Apenas el auto llegó a la mansión Mariscal, el teléfono de Marisa comenzó a sonar sin parar.
—Marisa, dime la verdad. ¿Pasa algo entre Rubén y tú? En Clarosol no dejan de decir que se divorciaron, ¡incluso andan diciendo que él ya tiene otro amor! No pego el ojo por las noches pensando en todo esto.
Marisa soltó una risa forzada, intentando sonar natural.
—Mamá, por favor. Ya sabes cómo son los chismes en internet, no te creas nada de eso. Rubén y yo estamos de maravilla. Tú misma lo conoces, él no es esa clase de hombre...
Al escucharla tan segura, la señora Yolanda pareció respirar aliviada.
—Tienes razón. Rubén siempre ha sido un buen muchacho, un hombre recto. Él jamás sería capaz de jugar con los sentimientos de una mujer para luego abandonarla.
A Marisa se le llenaron los ojos de lágrimas. Se convenció a sí misma de que era por el reflejo del sol brillante, no por el dolor.
—Hija —continuó su madre—. Últimamente no descanso bien. Ya que piensas traerme esos dulces cuando termines en Terranova, ¿por qué no vienen Rubén y tú a verme? De paso reponen la visita de Fin de Año que nos debían.
Entre líneas, lo único que Yolanda expresaba era cuánto extrañaba a su hija.
Sintiendo un enorme nudo en la garganta al pensar que sus padres habían pasado solos las fiestas importantes, Marisa aceptó de inmediato.
—Claro que sí, mami. En cuanto acabe mi trabajo aquí, volaré directo a Clarosol a verlos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...