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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 836

Marisa reunió todo su valor y retiró con un tirón la pierna que Rubén aún sostenía sobre su pecho.

—Lo de anoche fue un error. Ya te quedaste a dormir aquí, ¿podrías hacer el favor de irte de una vez?

Se envolvió en las cobijas y bajó de la cama a toda prisa. Anoche habían compartido cama y habían pasado una velada... bastante intensa e indescriptible.

Ella no llevaba ropa, y obviamente, Rubén tampoco.

Si ella salía corriendo cubierta con la sábana, era lógico que el hombre en la cama quedara completamente desnudo.

Rubén arqueó una ceja, mirándola.

—Por lo visto te gusta mucho dejarme sin ropa. ¿Desde cuándo tienes esa manía? No lo sabía.

Marisa, aferrada a las cobijas, se giró para lanzarle una mirada fulminante.

Con la luz del sol golpeando directamente, cada detalle de la piel de Rubén era demasiado evidente a sus ojos.

Apretó los dientes, se vistió en tiempo récord y, una vez arreglada, pareció entrar en modo de combate.

—¿Te vas a ir o no?

Rubén ya se había puesto la misma ropa del día anterior, la que se había secado tras el aguacero. Pero tal como había hecho antes, se sentó en el sofá tan inamovible como una piedra, sin la menor intención de marcharse.

Respondió con toda la calma del mundo.

—No. No tengo intenciones de irme. A menos que...

Marisa se negó a escuchar el resto. No hacía falta adivinar, sabía exactamente qué iba a exigirle.

Agarró su bolso del perchero y metió sus cosas de forma rápida y furiosa.

—¡Perfecto! ¡Si tú no te vas, me voy yo!

Para cuando Rubén reaccionó e intentó salir tras ella, Marisa ya había desaparecido.

Él se quedó de pie en medio del patio, completamente desubicado.

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