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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 799

A Marisa le resultó incómodo rechazarlo, sobre todo considerando que, después de todo, él había salido en su defensa frente a los demás.

Asintió con naturalidad.

—Claro, no tengo nada urgente. Pero no puedo tardarme demasiado. Vine a Terranova principalmente a visitar a Davis. Cuando terminemos, tengo que ir a la casa de la familia Mariscal.

Noé sonrió con coquetería.

—Entendido. Te prometo que no te quitaré mucho tiempo. Al fin y al cabo, cuando conoces a alguien, no importa la cantidad de tiempo que pasen juntos, sino la verdadera conexión.

A Marisa no le molestaba conocer gente nueva, pero sentía que Noé estaba acelerando las cosas demasiado rápido.

Era como poner una película a velocidad x3; le causaba una incomodidad difícil de explicar.

Al salir del centro de convenciones, Noé, actuando como un caballero, le abrió la puerta del auto.

—Señorita Páez, adelante.

Apenas Marisa puso un pie en el interior, el celular de Noé comenzó a sonar.

Al ver el identificador de llamadas, un gesto de fastidio e impaciencia cruzó por el rostro de Noé, quien colgó la llamada de inmediato.

Marisa le ofreció algo de espacio.

—Si necesitas atender la llamada, podemos esperar.

Él rechazó la oferta con una sonrisa.

—No te preocupes. Es spam, puras llamadas de vendedores.

Marisa le devolvió la sonrisa por compromiso.

—Llamadas de spam, pensé que eso solo pasaba en nuestro país.

Apenas terminó la frase, el teléfono volvió a sonar.

Por accidente, Marisa alcanzó a ver la pantalla; estaba registrado con el nombre de una mujer.

Noé, con cara de culpabilidad, volvió a cortar la llamada.

—¿Qué pasa con las noticias?

—¡Esa modelito con la que te acostaste la última vez! ¡La dejaste embarazada y ahora dice que va a tenerlo, y tú le dijiste que si nacía la matarías a ella! ¡Tu padre te ha dicho mil veces que si haces estupideces en la calle, limpies tus desastres de inmediato! ¡Esa tipa solo quiere dinero! ¡Le hubieras pagado y no habría hecho este escándalo en internet! ¡Por tu culpa el negocio de la familia se está yendo a pique!

La cara de Marisa era un poema de incomodidad. No es que esperara que Noé fuera un santo, pero escuchar un chisme tan grotesco de primera mano era más que vergonzoso.

Noé estaba sudando a mares.

Aprovechando que el auto aún no había arrancado, Marisa abrió la puerta y se bajó.

—Señor Ybarra, creo que tiene asuntos muy personales que atender. Lo mejor será que lo deje tranquilo.

Noé la miró, desesperado.

—Marisa, te lo puedo explicar. Esa modelito y yo solo...

Marisa soltó una risita fría y distante.

—No creo que deba darle explicaciones a alguien que conoció hoy. Ese es su problema. Lo que sí creo que debe hacer, es devolverle la llamada al número que rechazó hace un rato.

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