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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 798

Terminó la llamada.

Rubén le devolvió el teléfono y preguntó.

—¿Le dijiste... a tu madre que volveríamos juntos a Clarosol para cenar?

Marisa tomó el teléfono y asintió con naturalidad.

—Sí, mi mamá no paraba de insistir, así que le dije que sí. Pero no pasa nada, no tenemos que ir. Llegado el momento le diré que estás muy ocupado y listo.

Para su sorpresa, Rubén replicó de inmediato.

—No estoy tan ocupado.

Marisa se quedó perpleja. Levantó la vista y lo miró fijamente. ¿Qué insinuaba con eso?

Él repitió sus palabras.

—No estoy tan ocupado. Si vamos a fingir, hay que hacerlo bien. Ya le prometiste esto a tu madre; si al final no vas, se va a llevar una gran decepción.

Y, como si temiera que Marisa buscara una excusa para negarse, dictó su decisión rápidamente.

—En cuanto termines tu trabajo en Terranova, regresaremos juntos a Clarosol. Por más ocupado que esté, siempre puedo hacer tiempo para una cena.

Marisa soltó una carcajada burlona.

—Vaya, qué solidario saliste.

Rubén ignoró el comentario y señaló la lavasecadora.

—Tu ropa ya está lista. Cámbiate, yo me salgo.

Marisa volteó y, en efecto, la máquina había terminado su ciclo.

Se levantó, sacó la ropa, pero al mirar hacia atrás vio que Rubén seguía clavado en su sitio, sin intenciones de moverse.

—¿Qué pasa? ¿Te vas a quedar a verme cómo me cambio?

Rubén negó con la cabeza y la miró intensamente.

—Noé Ybarra no es de fiar. Aléjate de él.

A Marisa le pareció un chiste, y las palabras se le escaparon de la boca sin poder contenerlas.

—¿Noé no es de fiar? ¿Y tú sí lo eres?

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