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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 803

Marisa encogió los hombros de inmediato, un acto reflejo, como un animal que se pone a la defensiva instintivamente.

Rubén frunció levemente el ceño.

—No soy un monstruo para que me tengas miedo.

Marisa se encogió un poco más contra su asiento.

—No tengo hambre. Come tú.

Al recibir su respuesta, Rubén regresó a su amplio y exclusivo asiento.

Marisa no volvió a mirar en su dirección y simplemente cerró los ojos, fingiendo dormir. Esas tres horas de repente se sentían eternas.

Logró dormitar un rato. Cuando volvió a abrir los ojos, vio a Rubén saliendo del baño, envuelto solo en una bata de baño.

El escote en V de la bata dejaba su pecho musculoso completamente al descubierto.

Para Marisa, despertar y encontrarse de frente con esa imagen fue un golpe difícil de procesar.

Se tapó los ojos rápidamente con una mano.

—Señor Olmo, ¿podría tener un poco de pudor?

Rubén se sintió injustamente acusado. ¿Acaso estaba mostrando algo indebido?

Terminar de bañarse y ponerse una bata en su propio avión, ¿no era lo más normal del mundo?

Los dedos de Marisa se separaron milimétricamente. A través de esa pequeña rendija, sus pupilas oscuras siguieron el rastro de las gotas de agua que resbalaban por el pecho de Rubén.

Las gotas bajaban lentamente.

Hasta desaparecer en zonas que la bata ocultaba.

Era una imagen que dejaba demasiado a la imaginación.

Rubén siguió la dirección de la mirada de Marisa, miró su propio pecho y finalmente entrecerró los ojos mientras se ajustaba la bata con firmeza.

*Señor Olmo, la lesión detectada en la zona de su glándula suprarrenal izquierda ha sido verificada tanto funcional como patológicamente. Se confirma el diagnóstico de una transformación maligna de un feocromocitoma suprarrenal primario, clasificable médicamente como un paraganglioma de alta malignidad.*

*Señor Olmo, usted es un líder acostumbrado a tener el control absoluto, y esta enfermedad está intentando introducir un nivel crítico de incertidumbre en su vida. Pero el propósito de mi equipo y el mío es reducir esa incertidumbre al mínimo. No estamos ante una derrota inevitable, sino ante una batalla que exige precisión absoluta.*

*Le pido encarecidamente que prepare su jet privado hacia Zúrich de inmediato. Necesitamos iniciar la primera fase de exámenes de localización preoperatoria en las próximas cuarenta y ocho horas.*

Esa avalancha de términos médicos había sido como una pesadilla súbita. Cuando Rubén volvió a abrir los ojos, su frente estaba cubierta de un sudor frío y su respiración se había vuelto inusualmente agitada.

Marisa nunca lo había escuchado respirar con tanta pesadez. Era un sonido cargado de un miedo genuino.

Sorprendida, giró la cabeza para mirarlo.

—Con esa cara que tienes, cualquiera pensaría que el piloto te acaba de avisar que el avión se va a estrellar.

Rubén recuperó la compostura casi de inmediato. Le lanzó una mirada serena a Marisa.

—Marisa, no digas esas cosas.

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