—Ven a la casa. Ahora.
Fueron las únicas palabras que Víctor Cruz pronunció. Su tono era gélido, sin una pizca de afecto.
Eso encendió todas las alarmas en la cabeza de Macarena. Sintió un nudo en el estómago, como si estuviera a punto de ser castigada por un crimen gravísimo.
Repasó mentalmente sus últimos días a la velocidad de la luz.
No recordaba haber hecho nada que pusiera en peligro los negocios de la familia Cruz.
—Estoy de compras, llegaré más tarde —respondió ella, intentando sonar casual.
Al otro lado de la línea, Víctor soltó un suspiro exasperado.
—¿Acaso eres sorda o simplemente estúpida? Te dije que vengas a la casa ahora mismo.
Macarena frunció el ceño, pero mantuvo el tono de hija sumisa.
—Está bien, voy para allá.
Pero en el instante en que cortó la llamada, estuvo a punto de romper el teléfono con sus manos.
—Viejo miserable —masculló entre dientes—. Seguro se metió en otro problema que no puede resolver y ahora se desquita conmigo y con mamá. ¡Ojalá se muera de una vez!
Con el humor completamente destrozado, Macarena dio media vuelta y caminó furiosa hacia el estacionamiento subterráneo.
Al llegar a la mansión de la familia Cruz, una atmósfera densa y asfixiante la recibió.
El ambiente era pesado. En la sala de estar había más de diez empleados de pie en absoluto silencio. Pero lo más inquietante era que su padre no estaba sentado en el sillón principal. Había otra persona ocupando ese lugar de poder.
Leonor Cruz, su madre, servía té personalmente, con una sonrisa nerviosa y sumisa plasmada en el rostro.
—Señor Olmo, le aseguro que Macarena no es ese tipo de persona. Debe haber un malentendido en todo esto.
Macarena entró rápidamente a la sala y se quedó paralizada al ver a Rubén sentado en el lugar de honor.
Víctor tenía el rostro morado de la furia, los puños apretados sobre las rodillas. Su madre intentaba calmar las aguas, mostrando una actitud patética de adulación hacia Rubén.
Al escuchar el ruido en la entrada, Rubén levantó lentamente la mirada. Sus ojos eran pedazos de hielo.
Puso de inmediato su cara de víctima. Sabía cómo manipular a su padre; después de todo, Víctor era un hipócrita con voluntad de gelatina.
Si ella actuaba con soberbia, Víctor no se lo perdonaría, pero si lloraba...
—Papá... tú nunca te has preocupado por mí desde que era niña. ¿Cómo vas a saber qué me gusta y qué no? Todo lo que hago te parece que es por envidia o por robar —dijo, con la voz quebrada.
En el momento justo, dejó caer un par de lágrimas de cocodrilo.
Esa actuación barata funcionaba con su padre, pero Rubén no le creyó ni una sola sílaba.
—Antes de venir aquí, hice que investigaran un poco —dijo Rubén con frialdad—. Y resulta que la señorita Cruz jamás ha tenido el más mínimo interés por el arte. Sus pasiones se limitan a ir de compras, los tratamientos de belleza, y viajar a esquiar.
Macarena tragó saliva. Él acababa de pisotear su cuartada frente a todos y ni siquiera le dio tiempo de inventar una excusa.
Leonor, desesperada por salvar la situación, intentó intervenir con una sonrisa tensa.
—Señor Olmo, no sea tan severo. Es verdad que Macarena recién ha empezado a interesarse por el arte en los últimos dos años. Lo que pasa es que esas aficiones que menciona eran de cuando era más joven. Ahora ya es una mujer adulta y es normal que busque cultivar su mente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...