Rubén se limitó a sonreír en silencio.
Esa sonrisa heló la sangre de Macarena.
Con un gesto despectivo de la mano, Rubén habló:
—Suficiente. No vine a exigirle cuentas a la señorita Cruz ni a buscar culpables. Vine a solucionar un problema, no a crearlo.
La mente de Macarena trabajaba a mil por hora. ¿Cuál era exactamente el objetivo de la visita de Rubén?
¿Acaso planeaba arrebatarle la galería de las manos?
Pero eso no tenía sentido. Desde que Jasmine pasó a su control, no había habido ni una sola queja por parte del Grupo Olmo. ¿No significaba eso que él lo había aprobado?
¿Por qué armar todo este espectáculo hoy?
Víctor, con una sonrisa obsequiosa que rayaba en lo humillante, se inclinó hacia adelante.
—Señor Olmo, por favor, no hablemos de problemas. Usted sabe perfectamente que entre la familia Olmo y nosotros nunca habrá conflictos. Solo díganos qué necesita y ese problema dejará de existir de inmediato.
Rubén asintió, satisfecho. Aunque despreciaba profundamente a escoria como Víctor, admitía que negociar con gente tan ávida de dinero ahorraba muchas palabras.
—Si la señorita Cruz me transfiere Jasmine de regreso, a modo de compensación, estoy dispuesto a cederles una participación en el proyecto de desarrollo de Poniente, ese que la familia Cruz ha estado codiciando por tanto tiempo.
El rostro de Víctor se iluminó con una avaricia desbordante.
—¡Trato hecho! ¡Por supuesto! Rubén, qué generosidad la tuya. Siempre tratando tan bien a tus mayores.
El desarrollo de Poniente era el megaproyecto más jugoso de Clarosol. Medio mundo empresarial estaba dispuesto a matarse por conseguir una fracción de ese pastel, y la mayoría ni siquiera lograba asomarse a la puerta.
Al notar que Macarena no decía nada, Víctor le lanzó una mirada llena de furia.
—¿Qué esperas? ¡Habla!
En cuanto el sonido de los pasos de Rubén desapareció, el tono de Víctor se volvió aterrador.
—¡¿Cómo te atreves a decir que no?! —le gritó a Macarena, antes de volverse hacia su esposa—. ¡Mira a la inútil que criaste! ¡Es una caprichosa que no entiende nada de negocios!
Leonor, que sabía perfectamente los millones que representaba el proyecto de Poniente, agarró a su hija del brazo y la zarandeó.
—¡Macarena, por Dios! ¿Cuánto crees que vale esa miserable galería? ¿Tienes idea de los dividendos que ganaremos si entramos en el proyecto de Poniente? ¡Es más dinero del que podrías gastar en tres vidas! Deja de comportarte como una niña inmadura o tu padre perderá la paciencia.
Macarena mordió su labio inferior hasta sacarse sangre, llena de rabia.
—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué siempre tengo que renunciar a lo que quiero?! ¡Esa galería era mía! ¡¿Por qué siempre soy yo la que tiene que sacrificarse por la familia?!
Víctor llegó a su límite. Agarró la taza de té de porcelana y la estrelló contra el suelo, haciendo que los sirvientes dieran un salto hacia atrás del susto.
—¡Eres una descarada! ¡Esa galería nunca fue tuya! ¡Le tendiste una trampa a la dueña original y usaste el nombre de Rubén Olmo para amedrentarla! ¡¿Cómo te atreviste a involucrarlo en tus juegos sucios?! Si Rubén no nos ha destruido hoy, es un milagro. ¡Deberías estarle agradecida de rodillas!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
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Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...