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El día que mi viudez se canceló romance Capítulo 847

La sorpresa se reflejó en el rostro de Petra; no podía creer que Sergio tuviera el descaro de llevar a su amante hasta el hospital.

—Sergio, ten un poco de dignidad... Ya lo pensé bien. Mi hijo no necesita obligatoriamente a un padre. Yo puedo mantenerlo y darle un entorno sano para crecer.

Silvia, al escuchar eso, enfureció.

—¿Qué quieres decir? ¡Quién sabe de quién será el bastardo que llevas ahí adentro, deja de echarle la culpa a mi hombre! ¿Con qué cara vas a nuestro edificio a intentar suicidarte? Si de verdad quisieras morirte, ya lo habrías hecho. ¡Todo esto es solo un teatrito para que la gente crea que soy la amante! ¡Qué calculadora eres, especialmente con esa barrigota! ¡Cuánto esfuerzo de tu parte!

Petra casi escupió sangre de la rabia. Literalmente le faltaba el aire.

Eso era el colmo del cinismo.

Marisa no iba a tolerar que le pisotearan la dignidad a Petra de esa manera.

Además, de no ser por ellos, Rubén no se habría puesto en peligro.

¿Qué habría pasado si ese colchón inflable no hubiera estado bien colocado? ¿Acaso Rubén estaría allí, de pie y a salvo?

Marisa caminó directo hacia Silvia y le dio una bofetada.

El sonido seco resonó en toda la habitación.

Silvia se llevó la mano a la mejilla, mirando a Marisa con incredulidad.

—¿Te atreves a pegarme? Desde que era niña, ni mis propios padres se han atrevido a ponerme una mano encima, ¿y tú me pegas?

La respuesta para Silvia fue otra bofetada igual de sonora.

Y de nuevo, fue Marisa quien se la dio.

Rubén, que estaba de pie junto a ella, le susurró:

—Has solucionado perfectamente mi problema de no poder golpear mujeres.

Silvia se puso a llorar por el golpe.

Ambas bofetadas habían llevado toda la fuerza de Marisa.

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