José llegó con el rostro pálido y una evidente furia contenida, apresurándose hasta plantarse frente a Rubén Olmo.
Rubén frunció el ceño, clavando su mirada llena de dudas en él.
—¿Cuándo llegaste a Silvania? —le reclamó con voz áspera.
José miró de reojo a Marisa, dudando si hablar o no.
Marisa entendió la indirecta de inmediato.
Señaló hacia las escaleras.
—Tengo unas cosas que hacer abajo, los dejo para que hablen tranquilos —dijo ella.
Una vez que Marisa se alejó, José finalmente rompió el silencio. Su tono estaba cargado de frustración.
—¡Señor Olmo! Con todas las locuras que ha estado haciendo, ¡nos tiene a todos muertos de preocupación!
Rubén endureció el gesto.
—¿Acaso no te advertí por teléfono que no vinieras a buscarme?
—¡Yo no quería venir! —se defendió José, sintiéndose acorralado—. Pero el señor Olmo y doña Beatriz están verdaderamente angustiados por usted...
Rubén dejó escapar un suspiro profundo. Entendía la difícil posición de José. Se puso de pie.
—Vete por ahora. Yo los llamaré más tarde.
José asintió levemente.
—Está bien...
Sin embargo, tras titubear un segundo, soltó lo que realmente le quemaba por dentro:
—Señor Olmo, usted conoce mejor que nadie su propio estado de salud. Su cuerpo no va a soportar este nivel de desgaste. Además, ¿ya revisó el correo que le enviaron de la Clínica Santa Regina?
Rubén se acercó a la ventana. Solo cuando se aseguró de ver la figura de Marisa caminando por la planta baja, volvió la mirada hacia José.
—Ya leí el correo de la Clínica Santa Regina.
El rostro de José era un poema de angustia.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El día que mi viudez se canceló
Mas capítulos 🥲🙏...
Mas capítulos plis 🫠...
👋🫰...
Más capítulos 🤗...
Más capítulos plis 🙏...
Está buena la trama 🫰...
Mas capítulos plis 🙏...
Me encanta esta aplicación 😊 muchas gracias por subir la novela 😊...