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El Día que Murió Nuestra Hija, Él le Puso el Anillo a Otra romance Capítulo 13

Mientras los sollozos de Sofía llenaban la habitación de una miseria húmeda y pegajosa, Alejandra entró.

Se movió con una calma que parecía fuera de lugar en medio del caos. Cada paso era deliberado, silencioso.

Ignoró la mirada cargada de hostilidad que le lanzó Ricardo. Pasó por delante de Natalia como si fuera una estatua de hielo, sin dedicarle un vistazo.

Se detuvo frente a la madre de Sofía, una mujer pálida y al borde del colapso.

Su voz fue clara y tranquila, cortando el ruido del llanto.

—Yo puedo ayudarla.

Las tres palabras cayeron en la habitación con el peso de piedras.

Ricardo soltó una risa áspera, llena de incredulidad y desprecio.

—¿Tú? —se burló—. ¿Y qué vas a hacer? ¿Rezarle a un santo? ¿Hacer algún tipo de brujería de pueblo?

Alejandra no se giró. Siguió ignorándolo, una táctica que lo enfurecía más que cualquier insulto.

—Mi padre me enseñó sobre remedios herbolarios —continuó, dirigiéndose solo a la mujer mayor—. Conozco una receta de mi abuela oaxaqueña para calmar las quemaduras y la inflamación aguda de la piel. Puedo prepararle una mascarilla.

Natalia, viendo una oportunidad para reafirmar su superioridad, intervino con una sonrisa condescendiente, su voz goteando falsa dulzura.

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